sábado, 30 de diciembre de 2017

Bitácora de Viaje: Inglaterra 2017 - Día 5

Día 5
Domingo 20 de agosto de 2017

Gerardo pasó una noche de mierda (literalmente). Con dolor de estómago, y diarrea, no durmió nada. Era imposible que saliera así. Esperamos un rato pero no había caso. Salí a comprarle unas galletas de soda (Jacob’s Cream Crackers) y mermelada de naranja… Real mermelade!!! Ya que el no quería ni salir a la esquina.

Tuve que armar un plan para salir solo. Así que tomé desayuno (té y un sándwich envasado) y me dirigí al metro. Tomé la Hammersmith & City Line, para luego combinar con Victoria Line hasta Finsbury Park Station, con la intención de dirigirme al Emirates Stadium, casa del Arsenal FC. Ésta se la tenía prometida al Alonso, así que le mandé fotos y videos a la Moni. A la salida de la estación está la tienda oficial del Arsenal F.C., pese a que, después me daría cuenta, no es la estación más cercana al estadio, así que me tocó caminar varias cuadras extra.

De hecho, para llegar al estadio crucé hasta por un parque (Gillespie Park) bien bonito. El estadio es grande, y se puede caminar por todo su contorno. Rodeando el estadio se encuentran estatuas de grandes ídolos del club, como Thierry Henry y Denis Bergkamp. Se nota que tanto la hinchada como el club están orgullosos de su historia, y eso se siente. Se puede hacer un tour por el estadio, sin embargo no lo creo necesario. Pasé a vitrinear en la tienda del estadio, pero me pareció que estaba más completa la tienda que había visto a la salida del metro, en Finsbury Park Station. 

Volví a Finsbury Park Station, donde estaba la primera tienda del Arsenal que entré, para comprar un polerón del Arsenal para el Alonso, y un banderín. La tienda era cara, pero estaba allí, y le había prometido a Alonso llevarle algo del club de Alexis. Tomé el Tube de vuelta, Piccadilly Line, hasta King’s Cross San Pancras, donde me bajé para llegar a mi próximo destino. En ese punto de la ciudad están las estaciones de trenes. Está King’s Cross, que es famosa por la saga Harry Potter, y la preciosa fachada del terminal internacional de St. Pancras (donde llega el tren desde Paris).

Pero mi camino era otro. El  St. Pancras Church and Gardens, donde Los Beatles tuvieron una sesión de fotos el año 1968 (sesión llamada ‘Mad Day Out’). Ahí observé el pequeño parque, me saqué varias fotos, a la vez que escuchaba, obvio, a Los Beatles. Ahí noté que es común ver tumbas en los parques, especialmente aquellos que son parte de alguna iglesia. Los parques y plazas son cementerios (o quizás los cementerios son parques y plazas).

Luego de esa experiencia, me encaminé hacia la British Library, otro ícono de la ciudad. Su arquitectura no es algo que destaque, pero su colección es simplemente fabulosa. La Bilbia de Gutemberg, del año 1450 aprox., la Carta Magna de 1215, manuscritos de Da Vinci, partituras de Handel, Mozart, Beethoven (entre otros), manuscritos de William Blake, Shakespeare, Jane Austin, biblias y libros religiosos (Corán, Bagavad Gita),  y, personalmente, lo más emocionante para mí: ¡manuscritos de The Beatles!

Ahí, en la galería, frente a mis ojos pude apreciar, de mano de John Lennon, el manuscrito de una primera versión de ‘She said, she said’, ‘A hard day’s night’ (escrita en una tarjeta de Feliz Cumpleaños que John había dado a Julian por su 1er Cumpleaños), ‘Ticket to Ride’. El manuscrito de ‘Michelle’, escrita por Paul McCartney en un sobre, y una canción inédita (nunca se grabó) de puño y letra de George Harrison. La British Library me permitió viajar en el tiempo. Desde la época medieval, hasta los años 60’s, en un viaje alucinante por la historia de los libros y las letras, la imprenta, el papel y la tinta. Definitivamente hay que volver a este sitio.

Lamentablemente está prohibido sacar fotos aquí, así que solo me queda lo que vi, y que, en un acto de inteligencia que me sorprende a mí mismo, logré anotar en el mismo momento en una libretita que llevaba conmigo.  

Lentamente, todavía como en un sueño, tomé el metro en la misma King’s Cross St. Pancras Station y me bajé en Liverpool St. Station, que también es estación de trenes, así que es grande, y tiene tiendas y locales comerciales. Y como no. Esta es un área de mucho comercio, y precisamente me dirijo a conocer el mercado de Brick Lane y el de Spitalfields. Caminando por pequeñas calles llego a una feria, que ya está acabando. Los locatarios ya guardan sus cosas, sin embargo puedo ver que hay mucha ropa, algunas joyas. Es un típico mercado de indios, pakistaníes, árabes. Compré 2 buses double decker de juguete, uno para Alonso y uno para Agustín. Mucho más baratos que los que había visto en las tiendas de souvenirs de Trafalgar Square y Baker St.

Sigo mi camino, entre calles angostas y muros con grafitti, no con rayados, sino con dibujos, pinturas hechas por graffiteros reconocidos tanto en Londres como en el mundo entero (el propio Banksy incluido). De hecho, dando vuelta una esquina me encuentro con un grupo de personas que está haciendo un tour por los graffiti de la zona. Camino lentamente para poder escuchar lo que dice el guía, jaja.

Brick Lane es una calle con varios galpones y tiendas. En los galpones se encuentran muchos puestos de ropa, básicamente ropa de diseñadores locales. Diseños exclusivos, ropa reciclada, muy parecido a lo que se puede encontrar en el barrio Lastarria, en Santiago, o le barrio Italia, en Providencia. Y tal como en Santiago, la ropa no es barata. Sin embargo está lleno de gente mirando, vitrineando, cotizando, comprando. En otro galpón hay puestos de comida, mucha comida. Comida del mundo: Colombiana, Venezolana, Thai, Koreana, Vietnamita, Árabe, ufff… ¡Una fiesta, la verdad! Lamentablemente, con el estado de salud de mi compadre, ando asustado que no me vaya a dar algo a la guata a mi, así que fui demasiado prudente y no quise probar nada. Pero como el olor a comida estaba ahí, me tenté y fui por una salchicha. £4 por una gran salchicha en pan baguette, con cebolla crispy, pepinillos, mostaza y un poco de ají (ají que no picaba nada, la verdad).    

Caminando, pasé por el Old Spitalfields Market, donde, de nuevo, hay un montón de puestos, pequeñas tiendas con ropa, joyas y comida. Es para ir una y otra vez. Pero estoy cansado. Los días de ajetreo ya empiezan a pasar la cuenta. No importa, sigo caminando. La idea es poder conocer lo máximo posible de estas calles de Shoreditch, barrio del este de Londres, tan de moda en estos días.  Llegué a Rivington St., una calle angosta, que pasa por debajo del tren, y que está llena de graffiti, incluido Thierry Noir, un francés que pinta caras de colores. Figuras simples que se hicieron famosas porque las pintó, entre otras, en el Muro de Berlín. En el barrio Lastarria había un mural de Noir, que siempre nos llamaba la atención con la Mona cuando vivíamos a unas cuadras de allí, en Bellas Artes. El barrio se merecía un mural así. Tanto, que al final fue demolido cuando se construyó un hotel boutique. Caminando por Rivington St., me reencontré con esos coloridos rostros alargados.

Final del día. Se hace necesario volver. Pasé a comprar una chela al Sainsbury’s que estaba a la vuelta de la esquina en Stepney Green Station, y de vuelta a casa. Gerardo había dormido todo el día, y, aunque se sentía un poco mejor, seguía con colitis.

Bitácora de Viaje: Inglaterra 2017 - Día 6

Día 6
Lunes 21 de agosto de 2017

El día comenzó lento. Con sueño, tratando de despabilar para aprovechar el día. Hoy es un día importante: Tenemos entradas para la Exposición de Pink Floyd: Their Mortal Remains, en el V & A Museum. A las 12:15 hrs.

Gerardo me asegura que irá. Salgo antes, para caminar por el barrio. Tomo la micro sólo un par de paradas, y me bajo en Whitechapel. Es temprano y los puestos que el otro día vimos recién se están instalando. A lo largo del Royal London Hospital hay una gran panel, de estos que se colocan cuando  se está realizando algún trabajo en la edificación, donde se presenta un mapa antiguo y algo de la historia del barrio. Allí dice que Whitechapel fue ocupado a fines del siglo XIX por judíos (al sector se le llamaba Jewish East London). Actualmente no sólo se encuentran judíos, sino también una gran población árabe (musulmanes). De hecho, a poco andar me encuentro con una mezquita (The East London Mosque). Este lugar es el East End. Luego de comprar un sándwich y una Limonata en un Tesco Metro, llego a la plaza Whitechapel, donde hay carteles con la historia del barrio y entiendo el nombre de éste. Me encanta la idea de preservación de la historia que tienen los ingleses de sus lugares. Siempre es posible encontrar una placa, un cartel, un monumento, algo que explica y/o conmemora al barrio, a su gente, a personas y personajes. Es una ciudad donde se vive la historia, el presente y el futuro. Es una sensación extraña, y me encanta. Ahí aprendí que en la Edad Media había una iglesia que se veía blanca (tenía una terminación con tiza), de ahí el nombre “White chapel”. Luego la iglesia fue destruida por incendios, fue re hecha  y destruida por un bombazo en la Segunda Guerra Mundial. Finalmente se utilizó el lugar como una plaza (Altab Ali Park), y hasta hoy se pueden ver restos de aquella primera iglesia, y de las construcciones posteriores.

Noto la hora y me apresuro a la estación de metro Aldgate East Station. Tomo la District Line hasta South Kensington Station, donde nos juntamos con Gerardo. La estación conecta directamente con el Museo Victoria & Albert. Llegamos temprano, y la fila que espera la exposición corresponde a los de las 12:00 hrs. así que tenemos tiempo para recorrer la galería del museo, gratis, por supuesto. Hay varias esculturas, varias de Rodin. Y de muchas épocas distintas. Seguro es un gran panorama para un conocedor del arte. No es mi caso, y me conformo con observar las esculturas y esperar nuestro turno para poder ingresar a ‘Their Mortal Remains’, la espectacular exposición sobre Pink Floyd.

La exposición merece una entrada de blog aparte. Es simplemente fascinante, y cuenta toda la historia de la banda, desde sus inicios en Cambridge, sus primeras canciones y discos, con Syd Barret a a cabeza, y luego su climax como banda en toda la era que va desde el 'Dark side of the Moon' hasta 'The Wall', finalizando con sus últimos discos. La exposición funciona con unos audífonos, y cada vez que me acercaba a alguna pantalla, se activaba el audio de lo que en dicha pantalla se estaba mostrando. Mucha foto, harto documento, una puesta en escena de punta, con una reproducción del prisma del 'Dark side of the moon', por ejemplo, con los artefactos utilizados para los shows del The Wall, etc. Todo, con un final conmovedor, donde en una sala se proyecta un video en 360 grados (se proyecta en las 4 paredes) y se presenta el video de 'Arnold Lane' y luego la versión en vivo de 'Comfortably Numb', la de la reunión de la banda, para el Live 8, el año 2005. No sé cuanto rato estuvimos ahí dentro, pero sé que no quería salir. Al terminar el recorrido, obviamente la tienda de recuerdos. Simplemente me traje un llavero del chancho volador de 'Animals', objeto que me recuerda a diario que estuve en una exposición de Pink Floyd en Londres. ¡Increible!  

Al salir del V&A Museum, cruzamos la calle y nos ponemos a la fila del Natural History Museum, mientras escuchamos a un cantante callejero y su guitarra cantando “Despacito” y “Shape of you”, canción de Ed Sheeran que ya nos tiene chato, y que acompañamos cantando “ooa oooa ooa ooa Andate a la conchetumare”

Así se nos pasó rápido el tiempo, y en 15 minutos ya estábamos dentro del Natural History Museum, donde, de entrada, nos encontramos con el esqueleto de un pterosaurio en una pared. En el centro del primer salón hay un Stegosaurus completo, dando la bienvenida. ¡Asombroso! Pienso en Alonso y cómo estaría de fascinado acá. Saco hartas fotos, pero se ve un poco oscuro. Vemos meteoritos, una roca lunar, un salón donde se explican varios fenómenos naturales, entre ellos los terremotos, con simulador y todo. Y por supuesto, hay fotos del terremoto más grande registrado: Valdivia 1960. Luego buscamos el salón de los dinosaurios, pasando por una galería de aves disecadas, donde vemos un dodo… ¡Un dodo!

Seguimos sorprendiéndonos con la calidad y cantidad de piezas, de información que se puede encontrar en los museos londinenses. Es increíble pensar todo lo que tienen a la mano los niños y niñas que estudian acá, y que pueden pasar de los libros a ver, en primera persona, la piedra roseta, la Carta Magna, el cráneo de un parasaulophus, etc.

Luego de la visita obligada a la tienda del museo (tiene varias), y de salir con un jarro de dinosaurios para Alonso, y un Triceratops de peluche para la guagua en camino, salimos del museo. No sin antes apreciar que en la nave central se presenta el esqueleto completo de una ballena, para asombro de muchos… Menos de nosotros. “Esto ya se ha visto”, decimos mientras pensamos en nuestro humilde Museo de Historia Natural de la Quinta Normal. 

Tomamos un double decker hasta Harrods, la famosa tienda de lujo. Es gigante, la verdad. Solo nos da para ver algunos departamentos, como perfumería, algo de ropa de hombre, abarrotes (donde venden cecinas, quesos, charcutería de Italia, España, Francia, a precios bastante razonables, la verdad, por no decir convenientes). Hay hasta un local para almorzar. Ese si es caro (un almuerzo estaba desde los £19, si mal no recuerdo). Todo eso sólo en una parte del primer piso. Salimos a la calle. Afortunadamente nos habíamos comprado algo para comer y beber (limonata, of course) en un Waitrose que está casi al frente, justo en la parada de la micro, así que no teníamos hambre.

Caminamos un par de cuadras y tomamos otra micro, esta vez para dirigirnos a Regent St. Específicamente, a la tienda de juguetes ‘Hamley’s’. Ahí sufrimos, por primera vez, el tráfico londinense. Claro, era lunes en la tarde, y comenzaba la hora punta. El trayecto se hizo lento. Finalmente llegamos a la juguetería, de seis pisos. Seis pisos que recorrimos como cabros chicos, mirando las novedades y demostraciones que había en cada uno. Muchos juguetes. Miles de autitos a escala. Mucho que ver y comprar, aunque los precios eran algo elevados. Finalmente no compré nada ahí, ya que de verdad los precios eran altos en comparación a los juguetes en Santiago. Gerardo compró unos encargos, y salimos a caminar por Regent St. Caminamos por Oxford St., visitando un par de tiendas de ropa (Topshop, Uniqlio, SportsDirect, Primark). Gerardo se compró una chaqueta tipo cortaviento en Uniqlio, para cambiar su chaqueta marca ‘Ídolo’ que se estaba desarmando de manera escandalosa, jaja! Yo quería ir a Primark, donde finalmente compré un par de poleras a Alonso y un polerón a Agustín. Llegamos justo cuando ya estaban cerrando, tipo 9 pm, así que no pudimos vitrinear mucho. Directo a la caja. Primark y Uniqlio tenían buenos precios. Más baratos que Falabella o Ripley,  si lo comparamops con algo local. Se asemejan más a Fashion's Park, yo diría. SportsDirect vende ropa deportiva de marca, a precios de ropa de marca, y Topshop era caro (una polera de hombre a £29, a bit too much my dear!). Con varias bolsas y Gerardo convaleciente, decidimos volver al depa (no pubs today). Debíamos descansar ya que al día siguiente nos tocaba viajar a Liverpool.

Bitácora de Viaje: Inglaterra 2017 - Día 7

Día 7
Martes 22 de agosto de 2017


Pese a que en la noche dejamos todo ordenado para el viaje, igual nos atrasamos y salimos corriendo al metro. Llevamos solo una mochila cada uno con ropa suficiente para 2 días, dejando las maletas y compras en el depa. El metro (Hammersmith & City; City Line) se fue particularmente lento, y salimos corriendo de la estación de metro Euston Square hacia la estación de trenes Euston, que está a 2 cuadras. Llegamos a la estación de trenes, miramos las pantallas, y volamos a nuestro andén. Sin mentir, puedo decir que fuimos los últimos en subirnos al Virgin Train que nos llevaría a Liverpool, la cuna de The Beatles.

El viaje en tren es relajado y tranquilo. El paisaje es muy bonito. Harto verde, como en el sur de Chile. Y se pueden ver vacas y otro ganado en las praderas. El tren es bastante cómodo y asistentes del tren pasan con el típico carrito ofreciendo cosas para comer y beber. Nosotros habíamos traído barras de cereal, así que no fue problema la comida.

Luego de 2 horas de viaje el tren se aproxima a Liverpool. Consecuentemente, en mi mp3 comienzo a buscar las 2 canciones que debo escuchar en este momento: ‘Strawberry Fields Forever’ y ‘Penny Lane’. Recién ahí, cuando John canta “Living is easy with eyes closed” me doy cuenta de lo que estoy viviendo. Estoy haciendo mi sueño realidad. Estoy viajando a Liverpool, donde todo comenzó. Los orígenes de la banda más influyente en mi vida. Mi banda sonora, por años. Por años, también, me imaginé y soñé con este momento. Este mágico instante en que llego a Liverpool. Un momento de emoción recorre mi cuerpo y me siento feliz. ¡¡¡Feliz!!! Feliz por lo que he vivido, feliz por lo que voy a vivir ahora. Feliz por la familia que tengo, por mi esposa, que es la mejor del mundo, que me envalentonó y me presionó y me convenció que hiciera este viaje. Feliz por el hijo que tenemos, que es una persona maravillosa, y por la familia que estamos armando, y que está creciendo. Me siento feliz de la vida! Liverpool Lime Street Station. ¡Llegamos!

Salimos de la estación y un cielo nublado nos recibe. Tiene pinta de lluvia, aunque el pronóstico no indicaba precipitaciones. Respiro hondo. Hasta el aire es distinto. Miro alrededor. La fachada de la estación de trenes, el imponente edificio del St. George’s Hall, y algo que parece un mall.

Caminando lentamente, y siguiendo las indicaciones del google maps (nuestra aplicación de cabecera en este viaje), nos dirigimos al Hotel Ibis Styles Dale Street Cavern Quarter, donde tenemos reservas. Una caminata de 10 minutos y ya estábamos en el lobby del hotel. Un hotel bonito, pero sin pretenciones. Con iconografía Beatle por todas partes, y un staff de jóvenes muy atentos, con excelente disposición y ánimo. Hacemos el Check in y nos asignan la pieza, que está en el quinto piso. Una pieza con todo lo necesario: 2 camas, un baño, un closet y una pequeña mesita con hervidor, un sutido de bolsitas de té, sachets de café y leche, y una TV. Excelente, simplemente genial. La estadía nos costó algo así como 35 mil pesos cada uno, por 2 noches, o sea la noche nos salió menos de 20 mil pesos chilenos. ¡¡¡Excelente!!!

Dejamos las cosas, un baño y a recorrer la ciudad.

Nos dirigimos caminando lentamente por Dale St. Compramos un sándwich en el Tesco que está justo al lado del hotel, y nos sentamos en una banca en Castle St., para nuestra merienda. Gerardo está un poco mejor de la guata, pero no quiere arriesgarse. Seguimos caminando hacia el Albert Dock, donde hay harta gente. Hay restaurantes, un carrusel, harta onda. Pero nosotros vamos derechito al Beatles Story: ¡El museo Beatle!

£15 la entrada. Me compro también un pequeño libro que es la guía del museo. Te pasan unos audífonos con un dispositivo. Cada sección tiene un número, el que se debe apretar en el dispositivo y así escuchar el relato. Hay extractos de entrevistas de los 4 Beatles, Brian Epstein, George Martin, amigos de infancia, parejas, etc. Es un museo muy completo. Con memorabilia desde la época de los Quarrymen, de sus primeras tocatas en el Casbah Club (la casa club del baterista de la Banda, Pete Best). Una réplica a escala real del Cavern Club, un submarino amarillo… En fin, todo lo relacionado con los Beatles. No logro retener toda la información que entra por la vista, por los oídos. Aún hoy, que lo escribo, no lo creo.

El tour del museo termina, obvio, en la Beatles Store. Una tienda espectacular, con mucho material beatle. Compré unos llaveros (uno para mi mamá y uno para mi papá, ambos fanáticos de The Beatles), también compré un pilucho del Yellow Submarine para nuestra guagua, que crece y crece en el vientre de la Moni.

Salimos del Beatles Story, y caminamos por el borde del rio Mersey. Primero fuimos hacia el sur, por el Echo Arena y el Exhibition Centre, que son edificios modernos donde se realizan seminarios, actividades de diverso tipo y, como hoy, conciertos. Está lleno de jóvenes, pero no logramos ver de quién es el show. En fin. Volvemos hacia el norte, para caminar por el Albert Dock hasta el Pier Head. Pasamos por el Museum of Liverpool, por una estatua de Billy Fury, el Elvis de Liverpool. El borde del río es tranquilo, se ve gente pasear calmadamente por este paseo, contemplando el río y sintiendo el viento en la cara.

Llegamos hasta el Monumento a los trabajadores del Titanic, y el muelle donde embarcar los trabajadores que van a la Isle of Man.

Volvemos caminando al hotel. Nuestra primera impresión de Liverpool es agradable. Se ve que es una ciudad regional, más pequeña, pero entretenida. Bajo a comprar algo para comer al Tesco que está justo al lado del Hotel, una cerveza. Pudimos ver televisión local (algo que no habíamos podido en el depto., ya que solo tiene internet), y a descansar.

Bitácora de Viaje: Inglaterra 2017 - Día 8

Día 8
Miércoles 23 de agosto de 2017

El día comenzó temprano. Como pudimos nos levantamos, a vestirse y bajar a tomar desayuno. Abajo nos recibieron con un desayuno buffet, con elección de pan, jamón, queso, tomate, huevo, mantequilla, mermelada, nutella, así como té, café, jugos. De verdad, todo muy rico. De vuelta a la habitación para la ducha matinal, y salimos. Hoy es el día de recorrer la ciudad de Los Beatles, conocer los barrios y calles de infancia de los 4 Beatles, así que partimos con un itinerario más o menos armado.

Tomamos la micro en Victoria St. (a 1 cuadra del hotel) y compramos 2 tickets diarios, los que nos permitieron subir y bajar todas las veces que quisiéramos durante ese día. Nuestro primer objetivo: La casa de infancia de George Harrison, en el 12 de Arnold Grove, un pequeño pasaje en Wavertree. El barrio se ve como un barrio típico inglés, de clase obrera. Pequeñas casas pareadas de 2 pisos. El pasaje queda a media cuadra de la calle principal (High St.), donde se encuentra comercio y transporte público. A 100 metros hay una rotonda, con un monumento (el Picton Clock Tower). Ahí tomamos otro bus, que bajó por la Church rd. Y en 5 minutos ya estábamos en Penny Lane, en un trayecto que probablemente George hizo tantas veces.

“Penny Lane is my ears and in my eyes”, canto, de manera original, mientras grabo un video para enviarlo a mi amada. Aquí estamos, en la meca de todo Beatlemaniaco. Justo al lado del “shelter in the middle of the roundabout”. Miro alrededor, y es todo tan normal, y tan mágico a la vez. Es todo tan surrealista: viajar miles de kilómetros, de un país y de una ciudad que pocos liverpudlianos deben haber oído hablar, para llegar hasta esta rotonda, donde un grupo de jóvenes hace más de 50 años se reunían para tomar la micro e ir a ensayar o tocar en algún local. Es loco. Es maravilloso. Cuantas veces soñé con estar aquí. Ahora que estoy acá no lo creo, simplemente no lo creo. Es una sensación muy rara. Y no andar solo me ayuda a no volverme loco, y a conversar con naturalidad y con total normalidad, en español y a chuchá limpia, en medio de Penny Lane, jajaja!!! Sacamos varias fotos. Es temprano, y se nota, porque no se ven otros turistas. Luego distinguimos unas turistas, muy flacas y rubias, sacándose fotos en el cartel de la calle. Les ofreco sacarles una foto a las tres, y luego les pido si nos pueden sacar una a nosotros. Salió oscura. No importa. Estamos acá, estamos en Penny Lane… “There, beneath the blue suburban sky”.

Pasamos a un Tesco a comprar algo para hidratarnos (una Ribena para Gerardo) y tomamos otra micro, esta vez por la A562 para ir hasta Menlove Ave. Con los nervios y la emoción, nos bajamos un paradero antes. No importa, hemos caminado más que Kun-Fu estos días, así que no es importante. Caminamos unas 2 cuadras y subimos (literalmente, la calle va en subida) por Beaconsfield Rd. Para llegar a la icónica reja roja de la clausurada entrada de Strawberry Field, que fue algo así como un internado del Ejército de Salvación. Obviamente, cantando ‘Strawberry Fields Forever’ sacamos fotos y miramos el lugar y sus alrededores. De pronto un ruido de motor nos llama la atención: Era un Ferrari que pasó por la calle… ¡Un Ferrari! Este barrio se ve bastante más acomodado que el de George. Esto es Woolton, el barrio donde vivió John con su tía Mimi. Esa es nuestra próxima parada, Mendips, la casa de infancia de Lennon. Es una casa grande, se ve muy bien. En un barrio muy tranquilo, y donde se pueden ver estacionados en las casas autos como Audi, Mercedes Benz, Porsche. Es un barrio de clase alta, coincidimos con Gerardo. Ya ahora podemos ver más fanáticos haciendo el tour, bajando en taxis y sacándose la misma foto, en el pequeño portón de madera que es el acceso a la casa.

Caminamos desde Mendips para dirigirnos a la capilla donde se conocieron John y Paul. En eso una  chica nos pregunta si vamos a la St. Peter’s Church. Asentimos, y decidimos ir juntos. Nos cuenta que es italiana y que anda sola turisteando por UK. Que ya estuvo en Londres y Manchester. Simpática, mostró curiosidad por Sudamérica cuando le comentamos de donde éramos. Llegamos a St. Peter’s Church, lugar importantísimo, ya que aquí, en los jardines de esta parroquia, se realizó una feria por allá por el año 1957 (hace justo 60 años!!!), donde el grupo The Quarrymen tocó. En ese grupo estaba John Lennon. Y entre el público estaba Paul McCartney, quien se acercó a John luego de la presentación y conversaron de música, de guitarras y así, como dos chiquillos se hacen amigos, se gestó la amistad que derivaría en una sociedad inigualable a la hora de hacer canciones pop. Como es común en el Reino Unido, los jardines de las iglesias también son pequeños cementerios. Esta no es la excepción, y una de sus tumbas está en la historia colectiva del pop, ya que se trata de la tumba de Eleanor Rigby.

Nos despedimos de la italiana, y seguimos nuestro camino. Volvemos caminando a Menlove Ave. Para bajar caminando hasta el barrio de infancia de Paul McCartney. No es tan cerca, debe ser unos 25 minutos caminando, pero no hay transporte público directo. Tendríamos que volver a Penny Lane y desde ahí tomar otra micro. Por eso decidimos bajar caminando. Además, en el camino podemos pasar por el parque Calderstones, que resultó ser toda una sorpresa, con una pequeña laguna, harta fauna (muchas aves de distintas especies), y un césped que ya se querrían varias canchas de fútbol profesional en Chile, jaja.

Ya son como las 2 de la tarde. Aprovechamos este paseo por el parque para descansar un momento, sentados al césped, disfrutando el sol de este verano inglés. ¡Fascinante!

Desde Woolton llegamos caminando hasta Allerton, el barrio de McCartney. Su casa se encuentra en Forthlin Rd. También es una casa pareada, más grande y en mejor estado que la de George, pero no tan grande como la de John. El barrio, residencial, se ve súper tranquilo. En realidad, todos estos barrios se ven muy tranquilos, con poca gente. Barrios residenciales, antiguos, con un ritmo de vida que nos recuerda que Liverpool es una ciudad regional. Pese a su carácter de puerto, que se siente fuerte en el centro, hacia el interior es una ciudad grata, de construcciones bajas (muchas casas, no hay  edificios). Pienso que es una ciudad para vivir tranquilo.

Tomamos nuevamente el bus (sacándole el jugo al ticket diario) en Mather Ave., y nos bajamos en Penny Lane (esto es un sueño, jeje). De ahí, trasbordo a otro bus, para bajarnos en Princes Rd. Esquina High Park St., a 2 cuadras de la casa de niñez de Ringo Starr. Caminamos por High Park St. Y notamos inmediatamente que el barrio cambia. Casas pareadas muy pequeñas, muy juntas. Llegamos a Madryn St., y vemos que todas las casas están completamente abandonadas y herméticamente cerradas. Se está realizado una remodelación de toda la zona (hay carteles explicativos). No se señala a donde fue a dar la gente que ahí vivía, pero si se muestran los avances que ya ha habido en otras calles aledañas. Nos sacamos la foto en la casa donde nació Ringo, para luego cruzar la calle, bajar media cuadra y encontrarnos con la casa de Admiral Grove, donde Ringo creció, pasando, por supuesto, por la edificación más famosa del barrio, el edificio del bar The Empress, famoso porque aparece en la portada del primer disco solista de Ringo Starr.

Volvimos caminando a Princes Rd. Para tomar la micro y volver al centro de Liverpool, que no está lejos de donde andamos.

De pronto decidimos bajarnos unas cuadras antes, porque una gran edificación nos llamó la atención: se trataba de la Catedral de Liverpool. Tocamos el timbre, y al bajarnos de la micro notamos una iglesia destruida. En realidad, eran sólo reliquias de lo que fue una iglesia: St. Luke’s Church. Es increíble. Leímos con atención una de las placas, donde se indica que la iglesia fue incendiada producto de un bombardeo durante el Blitz en la Segunda Guerra Mundial. Sus paredes y su torre quedaron como testigo de la brutalidad humana. Es fantástico como se respeta y honra la historia en este país. Me imagino una vez más qué pensarían de esto aquellos que dicen que hay que pensar en el futuro, y dejar de recordar el pasado, cada vez que en Chile se pretende instalar un sitio de memoria por las atrocidades cometidas durante la dictadura cívico-militar.

Caminamos unas cuadras y llegamos a la Catedral de Liverpool, el templo más grande del mundo de la Church of England (Iglesia de Inglaterra). Es un edificio imponente, de estilo gótico, que representa la grandiosidad de Dios. Es impresionante. No es acogedora, ni amistosa. Más bien infunde temor, a mi parecer. Cuenta con el órgano más grande del Reino Unido, con 2 consolas y diez mil tubos. ¡Impresionante!

Al salir, caminamos hacia el centro, pasando por el Barrio Chino (encontramos que los precios eran caros para ser comida china), y pasamos por The Jacaranda, otro de los pubs donde The Beatles solía tocar. Caminamos por Bold St. Una calle de restaurantes y locales comerciales, y decidimos entrar a un local de comida italiana. Nos pedimos unos panini y, por supuesto, una cerveza. Luego entramos a algunas tiendas a vitrinear, incluso a un supermercado de baratijas, jaja, el ‘Home Bargains’, donde compré té y algunos dulces y golosinas para traer a los niños a Chile. Era barato. En comparación, creo que Liverpool es más barato que Londres. Y más barato que Santiago, debo agregar.

Caminamos por Church St. Que es un paseo peatonal, tipo paseo Ahumada, muy bonito, muy colorido, y con muchas tiendas y centros comerciales. Claro que los centros comerciales no se parecen a los malls santiaguinos, sino que son más abiertos, y más bajos en altura. Llegamos caminando al Pier Head (pasando por el correspondiente monumento a la Reina Victoria, of course!) y nos tomamos la foto que el día anterior olvidamos, junto a la estatua de los Beatles ¡Cómo no!

Y de ahí, a nuestra última parada del día: Mathew St., donde se encuentra la mítica Cavern Club.

Mathew St. es en verdad un pequeño callejón peatonal, en el Cavern Quarter, que solo mide un par de cuadras. En la esquina de Mathew St. y N John St. Se encuentra el ‘Hard day’s Night Hotel’, cuyo edificio cuenta con una estatua de John Lennon justo en la esquina, lo que nos da la bienvenida a la meca Beatle. El callejón se ve con harta gente, muchos turistas ya jubilados, que vienen de distintas partes del mundo (se nota). La música de un cantante callejero nos invita a caminar hacia este pasaje que tiene tanta historia. Lo primero que nos llama la atención es otra estatua de John Lennon, apoyado en la pared. Hay que esperar turno para sacarse una foto ahí (como no). La estatua está apoyada en el ‘Hall of Fame’ del Cavern Club, donde se pueden apreciar muchos ladrillos, cada uno con la inscripción de algún músico o banda que ha tocado ahí. Aparecen, aparte de The Beatles, nombres como Elton John, Queen, Eric Clapton, The Who, y un laaargo etcétera.  

Siguiendo esa misma pared se encuentra la entrada del Cavern Pub, que es un local asociado al Cavern Club, que está al frente. Por £5 ya estábamos dentro del Cavern Club, que es en realidad una réplica del Cavern original, que estaba al lado. Al bajar las escaleras (está en una especie de cava), comenzamos a escuchar la música en vivo que cada vez se escucha más fuerte. Es el comienzo de la BeatlesWeek, o la Semana Beatles, según nos enteramos. Debido a esto, hay cientos de bandas tocando todo el día no solo en el Cavern Club, sino que también en otros locales de Liverpool. También habrá charlas y exposiciones.

Después de acercarnos a la barra y pedir una pinta, nos disponemos a escuchar a la banda que está en el escenario ahora. Son de Londres y se lanzan con un Setlist de canciones de The Beatles, por supuesto. Digamos que fue un sueño hecho realidad cantar canciones de los Beatles, en la mismita Cavern, donde tocaron unas 292 veces. Luego se subió otro grupo al escenario, y luego otro. Y así, fuimos una y otra vez a la barra, y así se nos pasaron 2, 3, 4 horas. Cuando decidimos irnos, compramos algunos souvenirs (vale la pena, cómo no!) y partimos caminando de vuelta al hotel, que está solo a un par de cuadras (como a 1 cuadra y media, en realidad). Este fue el final perfecto para nuestro día Beatle.

Bitácora de Viaje: Inglaterra 2017 - Día 9

Día 9
Jueves 24 de agosto de 2017

Costó despertar hoy. Último día en Liverpool. Bajamos a tomar desayuno, a recolectar un sachet de Nutella para traérsela a Alonso, a bañarse, vestirse, ordenar las cosas y partir. Los jóvenes del personal del hotel, muy pero muy simpáticos y serviciales, nos ofrecen dejar las mochilas en custodia por unos cuantos pounds.

Salimos a recorrer el centro de esta ciudad maravillosa. Primero, lo primero: una foto en la estatua de Eleanor Rigby, que vimos la noche anterior. Pasamos por un par de tiendas de souvenirs Beatlemaníacos, ahí mismo en Mathew St., donde me compré una polera del Sgt. Pepper’s. Aproveché y le compé una polera de The Beatles a Alonso, y un llavero a la Moni. Total, no todos los días se tiene la posibilidad de comprar algo Beatle en Liverpool, jeje. De ahí al centro, donde hay varios centros comerciales y paseos peatonales. Buscando regalos, encontré un anillo para la Moni, y en la tienda Lego no pude evitar comprar un dinosaurio 3 en 1 al Alonso. Vale decir que el Lego estaba más barato acá que en Santiago, una constante que hemos visto una y otra vez en este viaje.

Caminamos y llegamos hasta el sector más histórico, donde vimos el monumento a Wellington, el imponente edificio St. George’s Hall, el edificio del Walker Art Gallery, y una plaza detrás del St. George’s Hall, que resultó ser un Cementerio, el St. John’s Gardens, donde hay muchos soldados, de las distintas ramas de las fuerzas armadas, quienes murieron en las guerras mundiales. Una y otra vez el Reino Unido nos muestra sus cicatrices. ¡Brutal!

Volvemos al centro, pasando por la plaza Williamson, donde hay una tienda oficial del Liverpool FC. De puro gil no entré a comprar algo. Ahora me arrepiento de no haberle traído siquiera un banderín a Alonso. Habrá que volver, jeje!

Ya con hambre, dimos con la hamburguesería Byron Proper Hamburgers, a la que le habíamos echado el ojo en Londres. Entramos y nos pedimos un sándwich monstruoso con una Brew Dog IPA.

Vitrineando volvimos al hotel a recoger las cosas, y partimos al último punto, una cerveza en el Grapes, el local de Mathew St. donde The Beatles solía juntarse a tomar después o antes de sus tocatas en the Cavern Club. Una pinta, varios fotos, una conversa y partir hacia la estación de trenes de Lime Street, para tomar el tren de vuelta a Londres. 

El viaje de vuelta fue tranquilo. Tuve que comprar un café a la niña del tren, que era muy amable y guapa. Llegamos a Londres de noche, y pudimos, ahora si, conocer la estación de trenes Euston Station, que a la ida no vimos por llegar corriendo a tomar el tren.

Caminamos el par de cuadras hasta la estación de metro de Euston Station, para dirigirnos de vuelta a “nuestro barrio” en Stepney Green. Tuvimos que cargar nuestras Oyster Cards con £5 cada una, calculando que con eso nos debería bastar para los días que nos quedaban en Londres. El Travelcard que compramos al principio de nuestro viaje era por 7 días, por lo que era necesario cargar la tarjeta.

Pasamos al supermercado (o minimercado) Coop, a comprar algo para comer en el depa. Encontramos una pizza, que estaba genial, y también unas especie de empanadas, bastante buenas, la verdad. Todo acompañado de un botellín de un vino blanco francés (J.P. Chenet Grenache Cinsault), ¡Formidable!

Bitácora de Viaje: Inglaterra 2017 - Día 10

Día 10
Viernes 25 de agosto de 2017

Viernes, último día completo en Londres. Hay que aprovecharlo al máximo (dentro de lo que dan las energías, bastante limitadas a esta altura del viaje y de la vida). Nos levantamos rápido y salimos inmediatamente con rumbo al Sainsbury's del barrio, para comprar algo para el desayuno. Un pastelito, y una bebida de café frío (made in Switzerland) y partimos a uno de los íconos de esta hermosa ciudad: The Tower of London y el famoso Tower Bridge. Para eso tomamos el metro de la District Line hasta la estación Tower Hill. A la salida del metro lo primero que vemos es una escultura/monumento (para variar) con forma de reloj solar, que describe la historia de Londres en su base circular. Desde ese punto también se puede apreciar la Tower of London, y un pedazo de la London Wall, una sección distinta a la que días antes habíamos visto en el barrio del Museum of London. Bajamos a ver la Roman Wall y nos encontramos con una estatua del Emperador Trajano (Emperador entre el año 98 y el 117). La sección de este muro romano fue construida alrededor del año 200, siendo reforzada y agrandada en la época medieval. No me deja de sorprender la historia viva que existe en toda la ciudad.

Algunas fotos y cruzamos la calle para dirigirnos a la Tower of London, que no es solo una torre, sino que una fortaleza de tiempo medieval. La torre principal fue construida en la época de William the Conqueror (Guillermo I de Inglaterra), el primer rey de origen normando, en el año 1078. Se siguió desarrollando con los años hasta formar un gran castillo que fue utilizado como prisión en algún tiempo, y también como residencia real.


Dimos un largo paseo por todo el borde del castillo. No quisimos tomar el tour por dentro, ya que era un poco caro y nuestro presupuesto ya estaba al límite. Nos conformamos por dar un paseo por todo el borde, con detención y sacando hartas fotos. Pudimos ver la Traitor’s Gate, que es una de las entradas a la fortaleza, que da al Río Támesis (es una entrada con agua) que fue construida por el Rey Eduardo I entre los años 1275 y 1279, como una entrada real directamente desde el río. Años más tarde, fue la puerta de entrada de varios personajes acusados de traición, como Ana Bolena, y Sir Tomás Moro. Debido a lo anterior, se le conoce como la Puerta de los Traidores.

Por el mismo paseo donde se ve la Traitor’s Gate, se puede apreciar el gran Puente de la Torre (Tower Bridge), postal icónica de esta maravillosa ciudad. También se ve el HMS Belfast, un barco de guerra de la Segunda Guerra Mundial, que actualmente está anclado de manera permanente en el río Támesis, y funciona como museo.

Seguimos caminado por el paseo hasta llegar al Tower Bridge, y, obvio, ¡A cruzar el río por el puente más famoso de Inglaterra!

El Tower Bridge es un puente bascular (o sea, que abre sus brazos) construido a fines del siglo 19… Y funciona (¡Chúpate esa mandarina, puente Cau Cau!). De verdad que fue una grata experiencia cruzar el río Támesis por este famoso puente, por la vereda oeste, con vista hacia la Tower of London, el HMS Belfast, y los rascacielos Londinenses de 20 Fenchurch Street (al que subiríamos más tarde) y The Shard. Es increíble seguir sorprendiéndose con esta ciudad y sus construcciones. Llegamos a la orilla sur del río, y de vuelta por la otra vereda del puente, con vista al este de la ciudad.

Con la premura de la hora, partimos caminando hacia nuestro próximo destino, que sería el mirador  Sky Garden, del edificio 20 Fenchurch Street, también conocido como el Walkie Talkie, por su forma. Caminando pasamos por un memorial a los marinos mercantes caídos en la Gran Guerra (la Primera Guerra Mundial), el Tower Hill Memorial, para seguir caminando por Great Tower St. Y llegar, luego de unos 15 minutos caminado, al Walkie Talkie. Llegamos antes de lo presupuestado, y como estamos en Inglaterra, nos dijeron que volviéramos a la hora correspondiente, lo que nos dio unos 20 minutos para recorrer la zona. Y encontramos un pequeño mercado, el Leadenhall Market, que, según leemos en la inscripción en un pilar, se estableció por allá por el año 1321, y que fue reconstruido después del gran incendio del 1666. El mercado es una especie de pasaje, con una estructura de metal y un techo de vidrio, que lo convierte en una galería. Entre las tiendas que vimos, nos llamó la atención una tienda de licores donde, por supuesto, se señalaba los vinos chilenos. Siendo ya más de las 12 del día (hora de almuerzo, al parecer) nos llama la atención la cantidad de gente en los bares tomando cerveza y/o una copa de vino. Se nota que son personas que están trabajando, y que están en su horario de colación. Una razón más para amar esta ciudad.

Volvemos al Walkie Talkie como a las 12:20. Tenemos tickets para entrar al mirador a las 12:30 hrs. Los tickets son gratuitos y se obtienen a través de la página web del Sky Garden. Eso si, hay que reservarlos con anticipación, ya que son cupos limitados. La seguridad es muy importante, por lo que la fila avanza un poco lento, ya que el personal revisa cada una de las pertenencias de las personas que esperan su turno para subir. Con todo, en cosa de minutos ya estábamos en el ascensor subiendo al piso 32, donde tendríamos una vista aérea panorámica de todo Londres.

El Sky Garden es fabuloso. Se trata de una planta abierta, que ocupa más o menos los 3 o 4 últimos pisos del edificio, con restaurants y un paseo bastante amplio para poder recorrer y mirar hacia la ciudad por los cuatro costados del edificio. La cara sur tiene una terraza abierta, que da hacia la espectacular vista del río Támesis, y del Shard, que es el rascacielos más alto de Londres. El nombre de Sky Garden (literalmente: Jardín del cielo) es un poco pretencioso, ya que no se trata de un jardín ni mucho menos, pero si tiene bastante vegetación, lo que hace de la visita algo más amable, y que evita pensar que se está a 160 metros del suelo.


Debemos haber estado como una hora en el edificio, donde pudimos ver la ciudad en su esplendor: El Shard, el río Támesis, la Torre de Londres y el Puente de la Torre, hacia el otro extremo, el Big Ben y el London Eye, así como el Tate Modern, la Saint Paul’s Cathedral y el estadio de Wembley, a lo lejos. Por otro lado se ven los vecinos edificios 30 St. Mary Axe (alias The Gherkin, el Pepinillo) y el Leadenhall Building (otro rascacielos que aún estaba en construcción). Más allá se puede aprecian el London Stadium (estadio de los Juegos Olímpicos del 2012), y por otro lado se ven los edificios del sector de la Isle of Dogs y el Canary Wharf.

Bajamos en el ascensor, con la sensación de haber tenido la posibilidad de haber apreciado la ciudad desde un lugar privilegiado. Estando en el centro histórico de la ciudad, caminamos hacia Cornhill con Gracechurch St., donde tomamos el 25 hacia Oxford St., para ir por los últimos souvenirs. Ahí, en la esquina de Oxford St. y Tottenham Court Rd. Encontramos un quiosco con variados souvenirs. Atendido por una rumana, conversamos unos minutos sobre la vida en Londres, y nos llevamos algunos llaveros. Seguimos caminando por Oxford St. y entramos a un par de tiendas más, para comprar otros llaveros e imanes, lo típico. Las cosas no son baratas, pero tampoco son impagables. Con todo, habremos gastado unas £20 cada uno en souvenirs.

Con los regalitos en la mano, ya nos sentimos más relajados, y con hambre. Llegamos a una esquina y notamos que al final de la calle había una plaza. Perfecto para comer algo ahí. Buscando en el mapa del teléfono, encontramos un supermercado Tesco a unos pasos. Llegamos allá, compramos un sándwich tipo panini y algo para beber (Yo me compré una cerveza Hobgoblin, muy rica!), y nos fuimos a la plaza, que resultó ser la Soho Square Gardens, una bonita plaza llena de gente, en medio del Soho, barrio que ya habíamos recorrido hacía unas noches atrás. Aquí nos tomamos un merecido descanso, recostados en el pasto, disfrutando la cerveza y la vista. Gente de todas las edades se ve disfrutando la plaza, tonado cerveza, compartiendo, riendo, disfrutando del verano londinense. No sé cómo será el resto del año, pero en este momento, ¡Londres es el mejor lugar para estar!

Ya que estábamos en el Soho, decidimos volver a recorrer esas calles, ahora de día. Y nos dirigimos al lugar donde antiguamente estuvo el famoso Marquee Club, un local donde tocaron varios de  los más grandes grupos de los ’60 y ’70, como The Rolling Stones, The Who y Pink Floyd, por nombrar solo algunos, en la angosta Wardour St. En el camino nos encontramos con un Ferrari negro estacionado… Así es Londres ¡Y me encanta!

Luego de la foto en el lugar donde estuvo el Marquee Club (donde hay una Blue Plaque que recuerda el paso de Keith Moon por el lugar), nos devolvemos por Wardour St. hacia Broadwick St., para llegar a otro  pequeño lugar Beatle: un baño público donde John Lennon grabó un sketch para un programa de la BBC en el año 1966.

Caminamos hacia Regent St. para bajar hasta Picadilly Circus, y desde ahí seguir caminando hasta Leicester Square, donde la pudimos ver de día. En realidad ya eran las seis o siete de la tarde, pero aún estaba abierta la plaza, así que pudimos entrar y ver la estatua del bardo inmortal, William Shakespeare, otro de los culpables que estemos recorriendo Londres, jeje! También vimos una escultura del gran Charlie Chaplin, otro inglés de exportación. No por nada esta plaza es el centro del Theatreland, donde se encuentran muchos de los más conocidos teatros londinenses.

Cansados y con hambre, decidimos caminar por la pequeña Irving St. y entrar a un local (La Chandelle) a comer el famoso ‘Fish and Chips’, que no es otra cosa que pescado frito con papas fritas. Acompañado con una pinta de cerveza lager, fue una buena forma de comenzar a despedirnos de la ciudad. Con todo, creo que nuestra humilde pescada frita con ensalada a la chilena es mucho mejor que este fish and chips. Igual había que probarlo!

De vuelta a la calle, a seguir caminando por Chandos Place, luego la estrecha Maiden Lane, para llegar a Covent Garden Market, que es otro famoso mercado londinense. Aunque ya es tarde, aun permanecen algunas tiendas abiertas, y se ve gente caminando, turistiando al igual que nosotros. Vemos un acto de magia callejero, bastante entretenido, y decidimos caminar hacia la micro que nos llevará de vuelta al depa. Mañana es el último día y debemos dejar las maletas y todo ordenado.

Bitácora de Viaje: Inglaterra 2017 - Día 11

Día 11
Sábado 26 de agosto de 2017

Un día soleado, como todos los que tuvimos en este maravilloso viaje, nos alumbra la despedida. La mañana se hace corta, terminando de ordenar la maleta y dejando todo listo y dispuesto para nuestro viaje de vuelta a nuestra realidad sudaca santiaguina. Atrás quedarán las largas caminatas, los incontables memoriales y monumentos que recuerdan la historia de sufrimiento de esta ciudad, las minis y las sonrisas amables, los ‘Hiya’ de las vendedoras y promotoras, en fin… Los bares siempre llenos de vida y gente, las pintas de cerveza, la mezcla de culturas, las calles “al revés”, el metro que te lleva a donde sea, los buses de dos pisos, el English Breakfast, la Limonata San Pellegrino y la Ribena!

El vuelo BA 0251 está programado para salir a las 21:55 hrs. desde Heathrow, por lo que debemos estar en el aeropuerto a eso de las 19 hrs. Eso nos da un margen bastante amplio para seguir recorriendo esta ciudad.

Le preguntamos al dueño del depa el procedimiento para entregar el mismo. La cosa era simple, nos vamos, cerramos con llave y luego la llave la tiramos hacia el interior del depa a través de la ranura para correspondencia que tiene la puerta. Le preguntamos cómo lo podemos hacer para dejar las maletas durante el día. Nos dio una excelente opción: Ir hasta uno de los Hoteles Nadler, y dejar las maletas en recepción diciendo que vamos de su parte. Decidimos hacerlo con el Hotel Nadler Victoria, ubicado en Palace St. con Palace Place, cerca del Buckingham Palace y a pasos del metro Victoria.

Tomamos nuestras cosas, verificamos que no se nos quedara nada, y partimos al metro, Stepney Green Station por última vez!

En la District Line, en unos minutos nos estábamos bajando en Victoria, de ahí nos fuimos caminando a paso rápido hasta llegar al Hotel. Al preguntar por nuestro contacto nos atendieron de manera muy amable. Nos ofrecieron un café o algo para beber. En realidad, sólo queríamos disfrutar los últimos momentos en la ciudad, así que dijimos que no. Dejamos las maletas y a la calle de nuevo. Pasamos por el Royal Mews, las caballerizas reales, que están a un costado del Buckingham Palace, y que no habíamos visto.

Este sector de la ciudad es bien turístico, y hay harto souvenir típico de la realeza, onda fotos de la Reina, de Diana de Gales, tazas, cucharas, etc. Pero nosotros queríamos hacer el paseo obligado y que hasta ahora no habíamos podido, pese a que habíamos pasado cerca en varias ocasiones: ¡Hyde Park!

Como teníamos muy poco saldo en nuestras tarjetas Oyster, todo lo teníamos que hacer a pata. Así que nos fuimos caminando tranquilamente por Grosvenor Pl. y en cosa de minutos estábamos entrando a Hyde Park, un parque gigante en medio de la gran ciudad. Lo primero que nos llamó la atención fueron los árboles, de distintos tipos y alturas. El parque invita a tomarse las cosas con calma, y así lo hicimos hasta llegar a una laguna, The Serpentine, que está llena de aves: cisnes, patos, etc. Es un paseo muy bonito. Nos fuimos caminando por el borde de la laguna, hasta llegar a un quiosco, donde compramos algo para tomar desayuno. Un muffin y un café para mi fueron suficientes, sentados al pasto de Hyde Park, sintiéndome un londinense más. Viendo el tiempo pasar.


Al seguir nuestro paseo, cruzamos un puente y llegamos al Princess Diana Memorial Fountain, que no es más que una pileta con agua cristalina donde niños y adultos se mojan los pies, para refrescarse del calor del mediodía. Una bonita forma de recordar a Diana de Gales, pienso. Los niños felices corren, y salpican agua, juegan y se divierten.

Vimos un par de ardillas que logramos captar con la cámara, para seguir caminando y llegar a otra laguna, más pequeña que The Serpentine, pero con mucha más vida silvestre: The Round Pond. Ahí vimos infinidad de aves, caminando, nadando, volando, y de prento notamos que estábamos llegando a Kensington Palace, que es la residencia Real donde viven actualmente el Principe Harry, y el prícnipe William con su esposa Kate Middleton y sus hijos. Lo notable del lugar, más que el palacio, son sus jardines: verdes, grandiosos, muy bien cuidados. Con una Estatua de la Reina Victoria a la entrada, se puede sentir esa presencia de la Realeza en todo el lugar. Es como estar en un cuento. 

Luego de un rato, seguimos caminando por los jardines y llegamos a la salida norte del parque, a la calle Bayswater Rd. Estando a unas cuadras de Notting Hill, no pudimos evitar seguir caminando hacia Portobello Rd. donde había una feria (feria que se instala todos los sábados en el lugar) muy popular, llena de antigüedades, ropa, cosas usadas, cachivaches, etc. La feria es del largo de la calle y caminamos cuadras y cuadras hasta la Portobello Green Market. Cansados, nos decidimos a volver. En uno de los puestos, justo debajo de una autopista que pasa por sobre Portobello Rd. encontré unos aritos con el Big Ben, para la Moni.


Seguimos camino a otro edificio con triste historia rockera, 22 Lansdowne Crescent, hotel donde murió Jimi Hendrix. Luego de una foto seguimos nuestro regreso, caminando por estas calles de Notting Hill, que es, efectivamente, una pequeña colina cuya inclinación se siente al ir caminando.

Al ver que la hora avanzaba, decidimos emprender el camino de vuelta, cruzando nuevamente la ciudad por el clásico Hyde Park.

Ya estábamos cansados, así que tuvimos que tomarnos unos minutos sentados en el pasto londinense, disfrutando el sol, el aire, el parque, la gente, los acentos, el cielo lleno de aviones (en serio, lleno, es cosa de mirar hacia el cielo y en menos de 1 minuto se ve un avión de pasajeros volando sobre Londres, es increíble el tráfico aéreo de esta ciudad).

Suficiente descanso, de pie nuevamente, nos enfilamos hacia el Memorial de Alberto, príncipe consorte (Albert Memorial), esposo de la Reina Victoria. El memorial se encuentra justo al frente del Royal Albert Hall, famoso teatro londinense donde se han presentado todos los músicos imaginables, incluyendo, por supuesto, a The Beatles.

Bajamos caminando por Exhibition Rd., la calle donde se encuntran los museos Victoria and Albert y el Natural History Museum, entre otros. Además en este barrio se encuentran el Royal College of Music, y el Imperial College London. Es decir, es un barrio cultural. Seguimos caminando, ya con la premura del tiempo, entre las distintas calles de Chelsea, pasando por la Sloane Square y el Eaton Square Gardens, con su comercio exclusivo y sus casas “cuicas”.

Caminando caminando llegamos a The Nadler Victoria, en busca de nuestras maletas. Nos atendió una rumana muy simpática que nos ofreció café y una charla. Aceptamos la charla, y pasamos unos valiosos minutos conversando con ella. Nos contó que la tenida aburrida la vida en Londres, donde encuentra todo caro (le comentamos que en Santiago de Chile la cosa anda más o menos igual). Nos contó también que pretende viajar a conocer Sudamérica, y nos invitó a conocer Europa del Este en nuestra próxima visita al viejo mundo. Nos despedimos, y corrimos, literalmente, a la estación Victoria del metro, para poder llegar a tiempo al aeropuerto.

El metro se tomó su tiempo, pero finalmente llegamos a la terminal 5 de Heathrow. Buscamos el check-in counter y notamos que todo el terminal tiene counters de la British Airways, jaja. Consultamos y nos mandaron a cualquiera, ya que eran “autoservicio”. Es decir, uno mismo debía colocar la maleta, pesarla, sacar el ticket adhesivo, pegárselo a la maleta, y todo. Anda a equivocarte, y mandas tu maleta al sudeste asiático, jaja!

Con el check-in listo, pasamos a comprar unos refrescos en una farmacia Boots del aeropuerto: Limonata para mi y Ribena para Gerardo, clásicos instantáneos de esta visita. Primer problema, cuando íbamos entrando a la zona de Policía Internacional el oficial nos indica que no se puede ingresar ningún líquido. Feo revés, nos tuvimos que tomar las 2 latas yo, las 2 botellas Gerardo, para no perderlas. Mal. Luego en Policía Internacional, vendría otro problema: Resulta que en nuestras mochilas (bolso de mano) traíamos un frasco de Colman’s Mustard, mostaza típica inglesa, que traíamos como souvenir. Al pasar las mochilas por el escáner, los oficiales se dieron cuenta y nos hicieron sacarla del interior, con el correspondiente interrogatorio. Nos cagaron con los 2 frascos. Bueno, será no más. Habrá que volver más temprano que tarde para poder volver a saborear esa mostaza, pensé.

Cuando pensábamos que ya nada más tocaba esperar, resultó ser que debíamos ir a otro edificio, y para eso debíamos tomar una especie de “metro”, cuya estación estaba frente a Gucci, según nos indicaron. Así lo hicimos y, por fin, llegamos… Vitrineamos un rato en las tiendas de la terminal, y, ante la llamada, abordamos el vuelo BA251 que nos traería de vuelta a Santiago de Chile.

Nos tocó asientos del medio y pasillo, y en el asiento de la ventana venía otro chileno que volvía después de un viaje por casi toda Europa, por más de un mes. El que puede, puede.

Así, tras 14 horas de vuelo, que se me pasaron viendo ‘La La Land’, cenando y durmiendo a pata suelta, llegamos a Santiago, de vuelta al frío invernal de nuestro terruño.

Fueron 11 días de emociones, de historia, de mucho caminar, 11 días que quedarán en nuestro recuerdo como los días en que hicimos un sueño realidad. Con Gerardo quedamos con muchas más ganas de volver, ojalá con más tiempo y más plata. Me encantaría tener la posibilidad de volver con mi familia, con la Moni, con Alonso y con nuestr@ nuev@ integrante de la familia. Esta familia generosa que me permitió darme este lujo. DEbo agradecer a la Mona, a mi esposa, que siempre me apoyó y me impulsó a tomar la decisión de hacer este viaje. La que siempre me ha apoyado. Agradecer a Alonso, que se portó un siete, y quedó fascinado con las cosas que le traje de Inglaterra. Estoy seguro que el en algún momento viajará y lo disfrutatrá tanto como yo lo hice. Finalmente agradecer a Gerardo, que se subió altiro a este proyecto, a esta idea loca, y con quien compartimos 11 días espectaculares, en los bares, en las calles, en la Cavern Club, en las casas y barrios de los Beatles en Liverpool, en fin.  

Estoy seguro que, más temprano que tarde, volveré a caminar por esas calles angostas, de edificaciones llenas de historia de Londres y Liverpool. I'm looking forward to doing so!

Thank you very much UK!!!! Welcome Chile!!!