sábado, 30 de diciembre de 2017

Bitácora de Viaje: Inglaterra 2017 - Día 8

Día 8
Miércoles 23 de agosto de 2017

El día comenzó temprano. Como pudimos nos levantamos, a vestirse y bajar a tomar desayuno. Abajo nos recibieron con un desayuno buffet, con elección de pan, jamón, queso, tomate, huevo, mantequilla, mermelada, nutella, así como té, café, jugos. De verdad, todo muy rico. De vuelta a la habitación para la ducha matinal, y salimos. Hoy es el día de recorrer la ciudad de Los Beatles, conocer los barrios y calles de infancia de los 4 Beatles, así que partimos con un itinerario más o menos armado.

Tomamos la micro en Victoria St. (a 1 cuadra del hotel) y compramos 2 tickets diarios, los que nos permitieron subir y bajar todas las veces que quisiéramos durante ese día. Nuestro primer objetivo: La casa de infancia de George Harrison, en el 12 de Arnold Grove, un pequeño pasaje en Wavertree. El barrio se ve como un barrio típico inglés, de clase obrera. Pequeñas casas pareadas de 2 pisos. El pasaje queda a media cuadra de la calle principal (High St.), donde se encuentra comercio y transporte público. A 100 metros hay una rotonda, con un monumento (el Picton Clock Tower). Ahí tomamos otro bus, que bajó por la Church rd. Y en 5 minutos ya estábamos en Penny Lane, en un trayecto que probablemente George hizo tantas veces.

“Penny Lane is my ears and in my eyes”, canto, de manera original, mientras grabo un video para enviarlo a mi amada. Aquí estamos, en la meca de todo Beatlemaniaco. Justo al lado del “shelter in the middle of the roundabout”. Miro alrededor, y es todo tan normal, y tan mágico a la vez. Es todo tan surrealista: viajar miles de kilómetros, de un país y de una ciudad que pocos liverpudlianos deben haber oído hablar, para llegar hasta esta rotonda, donde un grupo de jóvenes hace más de 50 años se reunían para tomar la micro e ir a ensayar o tocar en algún local. Es loco. Es maravilloso. Cuantas veces soñé con estar aquí. Ahora que estoy acá no lo creo, simplemente no lo creo. Es una sensación muy rara. Y no andar solo me ayuda a no volverme loco, y a conversar con naturalidad y con total normalidad, en español y a chuchá limpia, en medio de Penny Lane, jajaja!!! Sacamos varias fotos. Es temprano, y se nota, porque no se ven otros turistas. Luego distinguimos unas turistas, muy flacas y rubias, sacándose fotos en el cartel de la calle. Les ofreco sacarles una foto a las tres, y luego les pido si nos pueden sacar una a nosotros. Salió oscura. No importa. Estamos acá, estamos en Penny Lane… “There, beneath the blue suburban sky”.

Pasamos a un Tesco a comprar algo para hidratarnos (una Ribena para Gerardo) y tomamos otra micro, esta vez por la A562 para ir hasta Menlove Ave. Con los nervios y la emoción, nos bajamos un paradero antes. No importa, hemos caminado más que Kun-Fu estos días, así que no es importante. Caminamos unas 2 cuadras y subimos (literalmente, la calle va en subida) por Beaconsfield Rd. Para llegar a la icónica reja roja de la clausurada entrada de Strawberry Field, que fue algo así como un internado del Ejército de Salvación. Obviamente, cantando ‘Strawberry Fields Forever’ sacamos fotos y miramos el lugar y sus alrededores. De pronto un ruido de motor nos llama la atención: Era un Ferrari que pasó por la calle… ¡Un Ferrari! Este barrio se ve bastante más acomodado que el de George. Esto es Woolton, el barrio donde vivió John con su tía Mimi. Esa es nuestra próxima parada, Mendips, la casa de infancia de Lennon. Es una casa grande, se ve muy bien. En un barrio muy tranquilo, y donde se pueden ver estacionados en las casas autos como Audi, Mercedes Benz, Porsche. Es un barrio de clase alta, coincidimos con Gerardo. Ya ahora podemos ver más fanáticos haciendo el tour, bajando en taxis y sacándose la misma foto, en el pequeño portón de madera que es el acceso a la casa.

Caminamos desde Mendips para dirigirnos a la capilla donde se conocieron John y Paul. En eso una  chica nos pregunta si vamos a la St. Peter’s Church. Asentimos, y decidimos ir juntos. Nos cuenta que es italiana y que anda sola turisteando por UK. Que ya estuvo en Londres y Manchester. Simpática, mostró curiosidad por Sudamérica cuando le comentamos de donde éramos. Llegamos a St. Peter’s Church, lugar importantísimo, ya que aquí, en los jardines de esta parroquia, se realizó una feria por allá por el año 1957 (hace justo 60 años!!!), donde el grupo The Quarrymen tocó. En ese grupo estaba John Lennon. Y entre el público estaba Paul McCartney, quien se acercó a John luego de la presentación y conversaron de música, de guitarras y así, como dos chiquillos se hacen amigos, se gestó la amistad que derivaría en una sociedad inigualable a la hora de hacer canciones pop. Como es común en el Reino Unido, los jardines de las iglesias también son pequeños cementerios. Esta no es la excepción, y una de sus tumbas está en la historia colectiva del pop, ya que se trata de la tumba de Eleanor Rigby.

Nos despedimos de la italiana, y seguimos nuestro camino. Volvemos caminando a Menlove Ave. Para bajar caminando hasta el barrio de infancia de Paul McCartney. No es tan cerca, debe ser unos 25 minutos caminando, pero no hay transporte público directo. Tendríamos que volver a Penny Lane y desde ahí tomar otra micro. Por eso decidimos bajar caminando. Además, en el camino podemos pasar por el parque Calderstones, que resultó ser toda una sorpresa, con una pequeña laguna, harta fauna (muchas aves de distintas especies), y un césped que ya se querrían varias canchas de fútbol profesional en Chile, jaja.

Ya son como las 2 de la tarde. Aprovechamos este paseo por el parque para descansar un momento, sentados al césped, disfrutando el sol de este verano inglés. ¡Fascinante!

Desde Woolton llegamos caminando hasta Allerton, el barrio de McCartney. Su casa se encuentra en Forthlin Rd. También es una casa pareada, más grande y en mejor estado que la de George, pero no tan grande como la de John. El barrio, residencial, se ve súper tranquilo. En realidad, todos estos barrios se ven muy tranquilos, con poca gente. Barrios residenciales, antiguos, con un ritmo de vida que nos recuerda que Liverpool es una ciudad regional. Pese a su carácter de puerto, que se siente fuerte en el centro, hacia el interior es una ciudad grata, de construcciones bajas (muchas casas, no hay  edificios). Pienso que es una ciudad para vivir tranquilo.

Tomamos nuevamente el bus (sacándole el jugo al ticket diario) en Mather Ave., y nos bajamos en Penny Lane (esto es un sueño, jeje). De ahí, trasbordo a otro bus, para bajarnos en Princes Rd. Esquina High Park St., a 2 cuadras de la casa de niñez de Ringo Starr. Caminamos por High Park St. Y notamos inmediatamente que el barrio cambia. Casas pareadas muy pequeñas, muy juntas. Llegamos a Madryn St., y vemos que todas las casas están completamente abandonadas y herméticamente cerradas. Se está realizado una remodelación de toda la zona (hay carteles explicativos). No se señala a donde fue a dar la gente que ahí vivía, pero si se muestran los avances que ya ha habido en otras calles aledañas. Nos sacamos la foto en la casa donde nació Ringo, para luego cruzar la calle, bajar media cuadra y encontrarnos con la casa de Admiral Grove, donde Ringo creció, pasando, por supuesto, por la edificación más famosa del barrio, el edificio del bar The Empress, famoso porque aparece en la portada del primer disco solista de Ringo Starr.

Volvimos caminando a Princes Rd. Para tomar la micro y volver al centro de Liverpool, que no está lejos de donde andamos.

De pronto decidimos bajarnos unas cuadras antes, porque una gran edificación nos llamó la atención: se trataba de la Catedral de Liverpool. Tocamos el timbre, y al bajarnos de la micro notamos una iglesia destruida. En realidad, eran sólo reliquias de lo que fue una iglesia: St. Luke’s Church. Es increíble. Leímos con atención una de las placas, donde se indica que la iglesia fue incendiada producto de un bombardeo durante el Blitz en la Segunda Guerra Mundial. Sus paredes y su torre quedaron como testigo de la brutalidad humana. Es fantástico como se respeta y honra la historia en este país. Me imagino una vez más qué pensarían de esto aquellos que dicen que hay que pensar en el futuro, y dejar de recordar el pasado, cada vez que en Chile se pretende instalar un sitio de memoria por las atrocidades cometidas durante la dictadura cívico-militar.

Caminamos unas cuadras y llegamos a la Catedral de Liverpool, el templo más grande del mundo de la Church of England (Iglesia de Inglaterra). Es un edificio imponente, de estilo gótico, que representa la grandiosidad de Dios. Es impresionante. No es acogedora, ni amistosa. Más bien infunde temor, a mi parecer. Cuenta con el órgano más grande del Reino Unido, con 2 consolas y diez mil tubos. ¡Impresionante!

Al salir, caminamos hacia el centro, pasando por el Barrio Chino (encontramos que los precios eran caros para ser comida china), y pasamos por The Jacaranda, otro de los pubs donde The Beatles solía tocar. Caminamos por Bold St. Una calle de restaurantes y locales comerciales, y decidimos entrar a un local de comida italiana. Nos pedimos unos panini y, por supuesto, una cerveza. Luego entramos a algunas tiendas a vitrinear, incluso a un supermercado de baratijas, jaja, el ‘Home Bargains’, donde compré té y algunos dulces y golosinas para traer a los niños a Chile. Era barato. En comparación, creo que Liverpool es más barato que Londres. Y más barato que Santiago, debo agregar.

Caminamos por Church St. Que es un paseo peatonal, tipo paseo Ahumada, muy bonito, muy colorido, y con muchas tiendas y centros comerciales. Claro que los centros comerciales no se parecen a los malls santiaguinos, sino que son más abiertos, y más bajos en altura. Llegamos caminando al Pier Head (pasando por el correspondiente monumento a la Reina Victoria, of course!) y nos tomamos la foto que el día anterior olvidamos, junto a la estatua de los Beatles ¡Cómo no!

Y de ahí, a nuestra última parada del día: Mathew St., donde se encuentra la mítica Cavern Club.

Mathew St. es en verdad un pequeño callejón peatonal, en el Cavern Quarter, que solo mide un par de cuadras. En la esquina de Mathew St. y N John St. Se encuentra el ‘Hard day’s Night Hotel’, cuyo edificio cuenta con una estatua de John Lennon justo en la esquina, lo que nos da la bienvenida a la meca Beatle. El callejón se ve con harta gente, muchos turistas ya jubilados, que vienen de distintas partes del mundo (se nota). La música de un cantante callejero nos invita a caminar hacia este pasaje que tiene tanta historia. Lo primero que nos llama la atención es otra estatua de John Lennon, apoyado en la pared. Hay que esperar turno para sacarse una foto ahí (como no). La estatua está apoyada en el ‘Hall of Fame’ del Cavern Club, donde se pueden apreciar muchos ladrillos, cada uno con la inscripción de algún músico o banda que ha tocado ahí. Aparecen, aparte de The Beatles, nombres como Elton John, Queen, Eric Clapton, The Who, y un laaargo etcétera.  

Siguiendo esa misma pared se encuentra la entrada del Cavern Pub, que es un local asociado al Cavern Club, que está al frente. Por £5 ya estábamos dentro del Cavern Club, que es en realidad una réplica del Cavern original, que estaba al lado. Al bajar las escaleras (está en una especie de cava), comenzamos a escuchar la música en vivo que cada vez se escucha más fuerte. Es el comienzo de la BeatlesWeek, o la Semana Beatles, según nos enteramos. Debido a esto, hay cientos de bandas tocando todo el día no solo en el Cavern Club, sino que también en otros locales de Liverpool. También habrá charlas y exposiciones.

Después de acercarnos a la barra y pedir una pinta, nos disponemos a escuchar a la banda que está en el escenario ahora. Son de Londres y se lanzan con un Setlist de canciones de The Beatles, por supuesto. Digamos que fue un sueño hecho realidad cantar canciones de los Beatles, en la mismita Cavern, donde tocaron unas 292 veces. Luego se subió otro grupo al escenario, y luego otro. Y así, fuimos una y otra vez a la barra, y así se nos pasaron 2, 3, 4 horas. Cuando decidimos irnos, compramos algunos souvenirs (vale la pena, cómo no!) y partimos caminando de vuelta al hotel, que está solo a un par de cuadras (como a 1 cuadra y media, en realidad). Este fue el final perfecto para nuestro día Beatle.

Bitácora de Viaje: Inglaterra 2017 - Día 9

Día 9
Jueves 24 de agosto de 2017

Costó despertar hoy. Último día en Liverpool. Bajamos a tomar desayuno, a recolectar un sachet de Nutella para traérsela a Alonso, a bañarse, vestirse, ordenar las cosas y partir. Los jóvenes del personal del hotel, muy pero muy simpáticos y serviciales, nos ofrecen dejar las mochilas en custodia por unos cuantos pounds.

Salimos a recorrer el centro de esta ciudad maravillosa. Primero, lo primero: una foto en la estatua de Eleanor Rigby, que vimos la noche anterior. Pasamos por un par de tiendas de souvenirs Beatlemaníacos, ahí mismo en Mathew St., donde me compré una polera del Sgt. Pepper’s. Aproveché y le compé una polera de The Beatles a Alonso, y un llavero a la Moni. Total, no todos los días se tiene la posibilidad de comprar algo Beatle en Liverpool, jeje. De ahí al centro, donde hay varios centros comerciales y paseos peatonales. Buscando regalos, encontré un anillo para la Moni, y en la tienda Lego no pude evitar comprar un dinosaurio 3 en 1 al Alonso. Vale decir que el Lego estaba más barato acá que en Santiago, una constante que hemos visto una y otra vez en este viaje.

Caminamos y llegamos hasta el sector más histórico, donde vimos el monumento a Wellington, el imponente edificio St. George’s Hall, el edificio del Walker Art Gallery, y una plaza detrás del St. George’s Hall, que resultó ser un Cementerio, el St. John’s Gardens, donde hay muchos soldados, de las distintas ramas de las fuerzas armadas, quienes murieron en las guerras mundiales. Una y otra vez el Reino Unido nos muestra sus cicatrices. ¡Brutal!

Volvemos al centro, pasando por la plaza Williamson, donde hay una tienda oficial del Liverpool FC. De puro gil no entré a comprar algo. Ahora me arrepiento de no haberle traído siquiera un banderín a Alonso. Habrá que volver, jeje!

Ya con hambre, dimos con la hamburguesería Byron Proper Hamburgers, a la que le habíamos echado el ojo en Londres. Entramos y nos pedimos un sándwich monstruoso con una Brew Dog IPA.

Vitrineando volvimos al hotel a recoger las cosas, y partimos al último punto, una cerveza en el Grapes, el local de Mathew St. donde The Beatles solía juntarse a tomar después o antes de sus tocatas en the Cavern Club. Una pinta, varios fotos, una conversa y partir hacia la estación de trenes de Lime Street, para tomar el tren de vuelta a Londres. 

El viaje de vuelta fue tranquilo. Tuve que comprar un café a la niña del tren, que era muy amable y guapa. Llegamos a Londres de noche, y pudimos, ahora si, conocer la estación de trenes Euston Station, que a la ida no vimos por llegar corriendo a tomar el tren.

Caminamos el par de cuadras hasta la estación de metro de Euston Station, para dirigirnos de vuelta a “nuestro barrio” en Stepney Green. Tuvimos que cargar nuestras Oyster Cards con £5 cada una, calculando que con eso nos debería bastar para los días que nos quedaban en Londres. El Travelcard que compramos al principio de nuestro viaje era por 7 días, por lo que era necesario cargar la tarjeta.

Pasamos al supermercado (o minimercado) Coop, a comprar algo para comer en el depa. Encontramos una pizza, que estaba genial, y también unas especie de empanadas, bastante buenas, la verdad. Todo acompañado de un botellín de un vino blanco francés (J.P. Chenet Grenache Cinsault), ¡Formidable!

Bitácora de Viaje: Inglaterra 2017 - Día 10

Día 10
Viernes 25 de agosto de 2017

Viernes, último día completo en Londres. Hay que aprovecharlo al máximo (dentro de lo que dan las energías, bastante limitadas a esta altura del viaje y de la vida). Nos levantamos rápido y salimos inmediatamente con rumbo al Sainsbury's del barrio, para comprar algo para el desayuno. Un pastelito, y una bebida de café frío (made in Switzerland) y partimos a uno de los íconos de esta hermosa ciudad: The Tower of London y el famoso Tower Bridge. Para eso tomamos el metro de la District Line hasta la estación Tower Hill. A la salida del metro lo primero que vemos es una escultura/monumento (para variar) con forma de reloj solar, que describe la historia de Londres en su base circular. Desde ese punto también se puede apreciar la Tower of London, y un pedazo de la London Wall, una sección distinta a la que días antes habíamos visto en el barrio del Museum of London. Bajamos a ver la Roman Wall y nos encontramos con una estatua del Emperador Trajano (Emperador entre el año 98 y el 117). La sección de este muro romano fue construida alrededor del año 200, siendo reforzada y agrandada en la época medieval. No me deja de sorprender la historia viva que existe en toda la ciudad.

Algunas fotos y cruzamos la calle para dirigirnos a la Tower of London, que no es solo una torre, sino que una fortaleza de tiempo medieval. La torre principal fue construida en la época de William the Conqueror (Guillermo I de Inglaterra), el primer rey de origen normando, en el año 1078. Se siguió desarrollando con los años hasta formar un gran castillo que fue utilizado como prisión en algún tiempo, y también como residencia real.


Dimos un largo paseo por todo el borde del castillo. No quisimos tomar el tour por dentro, ya que era un poco caro y nuestro presupuesto ya estaba al límite. Nos conformamos por dar un paseo por todo el borde, con detención y sacando hartas fotos. Pudimos ver la Traitor’s Gate, que es una de las entradas a la fortaleza, que da al Río Támesis (es una entrada con agua) que fue construida por el Rey Eduardo I entre los años 1275 y 1279, como una entrada real directamente desde el río. Años más tarde, fue la puerta de entrada de varios personajes acusados de traición, como Ana Bolena, y Sir Tomás Moro. Debido a lo anterior, se le conoce como la Puerta de los Traidores.

Por el mismo paseo donde se ve la Traitor’s Gate, se puede apreciar el gran Puente de la Torre (Tower Bridge), postal icónica de esta maravillosa ciudad. También se ve el HMS Belfast, un barco de guerra de la Segunda Guerra Mundial, que actualmente está anclado de manera permanente en el río Támesis, y funciona como museo.

Seguimos caminado por el paseo hasta llegar al Tower Bridge, y, obvio, ¡A cruzar el río por el puente más famoso de Inglaterra!

El Tower Bridge es un puente bascular (o sea, que abre sus brazos) construido a fines del siglo 19… Y funciona (¡Chúpate esa mandarina, puente Cau Cau!). De verdad que fue una grata experiencia cruzar el río Támesis por este famoso puente, por la vereda oeste, con vista hacia la Tower of London, el HMS Belfast, y los rascacielos Londinenses de 20 Fenchurch Street (al que subiríamos más tarde) y The Shard. Es increíble seguir sorprendiéndose con esta ciudad y sus construcciones. Llegamos a la orilla sur del río, y de vuelta por la otra vereda del puente, con vista al este de la ciudad.

Con la premura de la hora, partimos caminando hacia nuestro próximo destino, que sería el mirador  Sky Garden, del edificio 20 Fenchurch Street, también conocido como el Walkie Talkie, por su forma. Caminando pasamos por un memorial a los marinos mercantes caídos en la Gran Guerra (la Primera Guerra Mundial), el Tower Hill Memorial, para seguir caminando por Great Tower St. Y llegar, luego de unos 15 minutos caminado, al Walkie Talkie. Llegamos antes de lo presupuestado, y como estamos en Inglaterra, nos dijeron que volviéramos a la hora correspondiente, lo que nos dio unos 20 minutos para recorrer la zona. Y encontramos un pequeño mercado, el Leadenhall Market, que, según leemos en la inscripción en un pilar, se estableció por allá por el año 1321, y que fue reconstruido después del gran incendio del 1666. El mercado es una especie de pasaje, con una estructura de metal y un techo de vidrio, que lo convierte en una galería. Entre las tiendas que vimos, nos llamó la atención una tienda de licores donde, por supuesto, se señalaba los vinos chilenos. Siendo ya más de las 12 del día (hora de almuerzo, al parecer) nos llama la atención la cantidad de gente en los bares tomando cerveza y/o una copa de vino. Se nota que son personas que están trabajando, y que están en su horario de colación. Una razón más para amar esta ciudad.

Volvemos al Walkie Talkie como a las 12:20. Tenemos tickets para entrar al mirador a las 12:30 hrs. Los tickets son gratuitos y se obtienen a través de la página web del Sky Garden. Eso si, hay que reservarlos con anticipación, ya que son cupos limitados. La seguridad es muy importante, por lo que la fila avanza un poco lento, ya que el personal revisa cada una de las pertenencias de las personas que esperan su turno para subir. Con todo, en cosa de minutos ya estábamos en el ascensor subiendo al piso 32, donde tendríamos una vista aérea panorámica de todo Londres.

El Sky Garden es fabuloso. Se trata de una planta abierta, que ocupa más o menos los 3 o 4 últimos pisos del edificio, con restaurants y un paseo bastante amplio para poder recorrer y mirar hacia la ciudad por los cuatro costados del edificio. La cara sur tiene una terraza abierta, que da hacia la espectacular vista del río Támesis, y del Shard, que es el rascacielos más alto de Londres. El nombre de Sky Garden (literalmente: Jardín del cielo) es un poco pretencioso, ya que no se trata de un jardín ni mucho menos, pero si tiene bastante vegetación, lo que hace de la visita algo más amable, y que evita pensar que se está a 160 metros del suelo.


Debemos haber estado como una hora en el edificio, donde pudimos ver la ciudad en su esplendor: El Shard, el río Támesis, la Torre de Londres y el Puente de la Torre, hacia el otro extremo, el Big Ben y el London Eye, así como el Tate Modern, la Saint Paul’s Cathedral y el estadio de Wembley, a lo lejos. Por otro lado se ven los vecinos edificios 30 St. Mary Axe (alias The Gherkin, el Pepinillo) y el Leadenhall Building (otro rascacielos que aún estaba en construcción). Más allá se puede aprecian el London Stadium (estadio de los Juegos Olímpicos del 2012), y por otro lado se ven los edificios del sector de la Isle of Dogs y el Canary Wharf.

Bajamos en el ascensor, con la sensación de haber tenido la posibilidad de haber apreciado la ciudad desde un lugar privilegiado. Estando en el centro histórico de la ciudad, caminamos hacia Cornhill con Gracechurch St., donde tomamos el 25 hacia Oxford St., para ir por los últimos souvenirs. Ahí, en la esquina de Oxford St. y Tottenham Court Rd. Encontramos un quiosco con variados souvenirs. Atendido por una rumana, conversamos unos minutos sobre la vida en Londres, y nos llevamos algunos llaveros. Seguimos caminando por Oxford St. y entramos a un par de tiendas más, para comprar otros llaveros e imanes, lo típico. Las cosas no son baratas, pero tampoco son impagables. Con todo, habremos gastado unas £20 cada uno en souvenirs.

Con los regalitos en la mano, ya nos sentimos más relajados, y con hambre. Llegamos a una esquina y notamos que al final de la calle había una plaza. Perfecto para comer algo ahí. Buscando en el mapa del teléfono, encontramos un supermercado Tesco a unos pasos. Llegamos allá, compramos un sándwich tipo panini y algo para beber (Yo me compré una cerveza Hobgoblin, muy rica!), y nos fuimos a la plaza, que resultó ser la Soho Square Gardens, una bonita plaza llena de gente, en medio del Soho, barrio que ya habíamos recorrido hacía unas noches atrás. Aquí nos tomamos un merecido descanso, recostados en el pasto, disfrutando la cerveza y la vista. Gente de todas las edades se ve disfrutando la plaza, tonado cerveza, compartiendo, riendo, disfrutando del verano londinense. No sé cómo será el resto del año, pero en este momento, ¡Londres es el mejor lugar para estar!

Ya que estábamos en el Soho, decidimos volver a recorrer esas calles, ahora de día. Y nos dirigimos al lugar donde antiguamente estuvo el famoso Marquee Club, un local donde tocaron varios de  los más grandes grupos de los ’60 y ’70, como The Rolling Stones, The Who y Pink Floyd, por nombrar solo algunos, en la angosta Wardour St. En el camino nos encontramos con un Ferrari negro estacionado… Así es Londres ¡Y me encanta!

Luego de la foto en el lugar donde estuvo el Marquee Club (donde hay una Blue Plaque que recuerda el paso de Keith Moon por el lugar), nos devolvemos por Wardour St. hacia Broadwick St., para llegar a otro  pequeño lugar Beatle: un baño público donde John Lennon grabó un sketch para un programa de la BBC en el año 1966.

Caminamos hacia Regent St. para bajar hasta Picadilly Circus, y desde ahí seguir caminando hasta Leicester Square, donde la pudimos ver de día. En realidad ya eran las seis o siete de la tarde, pero aún estaba abierta la plaza, así que pudimos entrar y ver la estatua del bardo inmortal, William Shakespeare, otro de los culpables que estemos recorriendo Londres, jeje! También vimos una escultura del gran Charlie Chaplin, otro inglés de exportación. No por nada esta plaza es el centro del Theatreland, donde se encuentran muchos de los más conocidos teatros londinenses.

Cansados y con hambre, decidimos caminar por la pequeña Irving St. y entrar a un local (La Chandelle) a comer el famoso ‘Fish and Chips’, que no es otra cosa que pescado frito con papas fritas. Acompañado con una pinta de cerveza lager, fue una buena forma de comenzar a despedirnos de la ciudad. Con todo, creo que nuestra humilde pescada frita con ensalada a la chilena es mucho mejor que este fish and chips. Igual había que probarlo!

De vuelta a la calle, a seguir caminando por Chandos Place, luego la estrecha Maiden Lane, para llegar a Covent Garden Market, que es otro famoso mercado londinense. Aunque ya es tarde, aun permanecen algunas tiendas abiertas, y se ve gente caminando, turistiando al igual que nosotros. Vemos un acto de magia callejero, bastante entretenido, y decidimos caminar hacia la micro que nos llevará de vuelta al depa. Mañana es el último día y debemos dejar las maletas y todo ordenado.

Bitácora de Viaje: Inglaterra 2017 - Día 11

Día 11
Sábado 26 de agosto de 2017

Un día soleado, como todos los que tuvimos en este maravilloso viaje, nos alumbra la despedida. La mañana se hace corta, terminando de ordenar la maleta y dejando todo listo y dispuesto para nuestro viaje de vuelta a nuestra realidad sudaca santiaguina. Atrás quedarán las largas caminatas, los incontables memoriales y monumentos que recuerdan la historia de sufrimiento de esta ciudad, las minis y las sonrisas amables, los ‘Hiya’ de las vendedoras y promotoras, en fin… Los bares siempre llenos de vida y gente, las pintas de cerveza, la mezcla de culturas, las calles “al revés”, el metro que te lleva a donde sea, los buses de dos pisos, el English Breakfast, la Limonata San Pellegrino y la Ribena!

El vuelo BA 0251 está programado para salir a las 21:55 hrs. desde Heathrow, por lo que debemos estar en el aeropuerto a eso de las 19 hrs. Eso nos da un margen bastante amplio para seguir recorriendo esta ciudad.

Le preguntamos al dueño del depa el procedimiento para entregar el mismo. La cosa era simple, nos vamos, cerramos con llave y luego la llave la tiramos hacia el interior del depa a través de la ranura para correspondencia que tiene la puerta. Le preguntamos cómo lo podemos hacer para dejar las maletas durante el día. Nos dio una excelente opción: Ir hasta uno de los Hoteles Nadler, y dejar las maletas en recepción diciendo que vamos de su parte. Decidimos hacerlo con el Hotel Nadler Victoria, ubicado en Palace St. con Palace Place, cerca del Buckingham Palace y a pasos del metro Victoria.

Tomamos nuestras cosas, verificamos que no se nos quedara nada, y partimos al metro, Stepney Green Station por última vez!

En la District Line, en unos minutos nos estábamos bajando en Victoria, de ahí nos fuimos caminando a paso rápido hasta llegar al Hotel. Al preguntar por nuestro contacto nos atendieron de manera muy amable. Nos ofrecieron un café o algo para beber. En realidad, sólo queríamos disfrutar los últimos momentos en la ciudad, así que dijimos que no. Dejamos las maletas y a la calle de nuevo. Pasamos por el Royal Mews, las caballerizas reales, que están a un costado del Buckingham Palace, y que no habíamos visto.

Este sector de la ciudad es bien turístico, y hay harto souvenir típico de la realeza, onda fotos de la Reina, de Diana de Gales, tazas, cucharas, etc. Pero nosotros queríamos hacer el paseo obligado y que hasta ahora no habíamos podido, pese a que habíamos pasado cerca en varias ocasiones: ¡Hyde Park!

Como teníamos muy poco saldo en nuestras tarjetas Oyster, todo lo teníamos que hacer a pata. Así que nos fuimos caminando tranquilamente por Grosvenor Pl. y en cosa de minutos estábamos entrando a Hyde Park, un parque gigante en medio de la gran ciudad. Lo primero que nos llamó la atención fueron los árboles, de distintos tipos y alturas. El parque invita a tomarse las cosas con calma, y así lo hicimos hasta llegar a una laguna, The Serpentine, que está llena de aves: cisnes, patos, etc. Es un paseo muy bonito. Nos fuimos caminando por el borde de la laguna, hasta llegar a un quiosco, donde compramos algo para tomar desayuno. Un muffin y un café para mi fueron suficientes, sentados al pasto de Hyde Park, sintiéndome un londinense más. Viendo el tiempo pasar.


Al seguir nuestro paseo, cruzamos un puente y llegamos al Princess Diana Memorial Fountain, que no es más que una pileta con agua cristalina donde niños y adultos se mojan los pies, para refrescarse del calor del mediodía. Una bonita forma de recordar a Diana de Gales, pienso. Los niños felices corren, y salpican agua, juegan y se divierten.

Vimos un par de ardillas que logramos captar con la cámara, para seguir caminando y llegar a otra laguna, más pequeña que The Serpentine, pero con mucha más vida silvestre: The Round Pond. Ahí vimos infinidad de aves, caminando, nadando, volando, y de prento notamos que estábamos llegando a Kensington Palace, que es la residencia Real donde viven actualmente el Principe Harry, y el prícnipe William con su esposa Kate Middleton y sus hijos. Lo notable del lugar, más que el palacio, son sus jardines: verdes, grandiosos, muy bien cuidados. Con una Estatua de la Reina Victoria a la entrada, se puede sentir esa presencia de la Realeza en todo el lugar. Es como estar en un cuento. 

Luego de un rato, seguimos caminando por los jardines y llegamos a la salida norte del parque, a la calle Bayswater Rd. Estando a unas cuadras de Notting Hill, no pudimos evitar seguir caminando hacia Portobello Rd. donde había una feria (feria que se instala todos los sábados en el lugar) muy popular, llena de antigüedades, ropa, cosas usadas, cachivaches, etc. La feria es del largo de la calle y caminamos cuadras y cuadras hasta la Portobello Green Market. Cansados, nos decidimos a volver. En uno de los puestos, justo debajo de una autopista que pasa por sobre Portobello Rd. encontré unos aritos con el Big Ben, para la Moni.


Seguimos camino a otro edificio con triste historia rockera, 22 Lansdowne Crescent, hotel donde murió Jimi Hendrix. Luego de una foto seguimos nuestro regreso, caminando por estas calles de Notting Hill, que es, efectivamente, una pequeña colina cuya inclinación se siente al ir caminando.

Al ver que la hora avanzaba, decidimos emprender el camino de vuelta, cruzando nuevamente la ciudad por el clásico Hyde Park.

Ya estábamos cansados, así que tuvimos que tomarnos unos minutos sentados en el pasto londinense, disfrutando el sol, el aire, el parque, la gente, los acentos, el cielo lleno de aviones (en serio, lleno, es cosa de mirar hacia el cielo y en menos de 1 minuto se ve un avión de pasajeros volando sobre Londres, es increíble el tráfico aéreo de esta ciudad).

Suficiente descanso, de pie nuevamente, nos enfilamos hacia el Memorial de Alberto, príncipe consorte (Albert Memorial), esposo de la Reina Victoria. El memorial se encuentra justo al frente del Royal Albert Hall, famoso teatro londinense donde se han presentado todos los músicos imaginables, incluyendo, por supuesto, a The Beatles.

Bajamos caminando por Exhibition Rd., la calle donde se encuntran los museos Victoria and Albert y el Natural History Museum, entre otros. Además en este barrio se encuentran el Royal College of Music, y el Imperial College London. Es decir, es un barrio cultural. Seguimos caminando, ya con la premura del tiempo, entre las distintas calles de Chelsea, pasando por la Sloane Square y el Eaton Square Gardens, con su comercio exclusivo y sus casas “cuicas”.

Caminando caminando llegamos a The Nadler Victoria, en busca de nuestras maletas. Nos atendió una rumana muy simpática que nos ofreció café y una charla. Aceptamos la charla, y pasamos unos valiosos minutos conversando con ella. Nos contó que la tenida aburrida la vida en Londres, donde encuentra todo caro (le comentamos que en Santiago de Chile la cosa anda más o menos igual). Nos contó también que pretende viajar a conocer Sudamérica, y nos invitó a conocer Europa del Este en nuestra próxima visita al viejo mundo. Nos despedimos, y corrimos, literalmente, a la estación Victoria del metro, para poder llegar a tiempo al aeropuerto.

El metro se tomó su tiempo, pero finalmente llegamos a la terminal 5 de Heathrow. Buscamos el check-in counter y notamos que todo el terminal tiene counters de la British Airways, jaja. Consultamos y nos mandaron a cualquiera, ya que eran “autoservicio”. Es decir, uno mismo debía colocar la maleta, pesarla, sacar el ticket adhesivo, pegárselo a la maleta, y todo. Anda a equivocarte, y mandas tu maleta al sudeste asiático, jaja!

Con el check-in listo, pasamos a comprar unos refrescos en una farmacia Boots del aeropuerto: Limonata para mi y Ribena para Gerardo, clásicos instantáneos de esta visita. Primer problema, cuando íbamos entrando a la zona de Policía Internacional el oficial nos indica que no se puede ingresar ningún líquido. Feo revés, nos tuvimos que tomar las 2 latas yo, las 2 botellas Gerardo, para no perderlas. Mal. Luego en Policía Internacional, vendría otro problema: Resulta que en nuestras mochilas (bolso de mano) traíamos un frasco de Colman’s Mustard, mostaza típica inglesa, que traíamos como souvenir. Al pasar las mochilas por el escáner, los oficiales se dieron cuenta y nos hicieron sacarla del interior, con el correspondiente interrogatorio. Nos cagaron con los 2 frascos. Bueno, será no más. Habrá que volver más temprano que tarde para poder volver a saborear esa mostaza, pensé.

Cuando pensábamos que ya nada más tocaba esperar, resultó ser que debíamos ir a otro edificio, y para eso debíamos tomar una especie de “metro”, cuya estación estaba frente a Gucci, según nos indicaron. Así lo hicimos y, por fin, llegamos… Vitrineamos un rato en las tiendas de la terminal, y, ante la llamada, abordamos el vuelo BA251 que nos traería de vuelta a Santiago de Chile.

Nos tocó asientos del medio y pasillo, y en el asiento de la ventana venía otro chileno que volvía después de un viaje por casi toda Europa, por más de un mes. El que puede, puede.

Así, tras 14 horas de vuelo, que se me pasaron viendo ‘La La Land’, cenando y durmiendo a pata suelta, llegamos a Santiago, de vuelta al frío invernal de nuestro terruño.

Fueron 11 días de emociones, de historia, de mucho caminar, 11 días que quedarán en nuestro recuerdo como los días en que hicimos un sueño realidad. Con Gerardo quedamos con muchas más ganas de volver, ojalá con más tiempo y más plata. Me encantaría tener la posibilidad de volver con mi familia, con la Moni, con Alonso y con nuestr@ nuev@ integrante de la familia. Esta familia generosa que me permitió darme este lujo. DEbo agradecer a la Mona, a mi esposa, que siempre me apoyó y me impulsó a tomar la decisión de hacer este viaje. La que siempre me ha apoyado. Agradecer a Alonso, que se portó un siete, y quedó fascinado con las cosas que le traje de Inglaterra. Estoy seguro que el en algún momento viajará y lo disfrutatrá tanto como yo lo hice. Finalmente agradecer a Gerardo, que se subió altiro a este proyecto, a esta idea loca, y con quien compartimos 11 días espectaculares, en los bares, en las calles, en la Cavern Club, en las casas y barrios de los Beatles en Liverpool, en fin.  

Estoy seguro que, más temprano que tarde, volveré a caminar por esas calles angostas, de edificaciones llenas de historia de Londres y Liverpool. I'm looking forward to doing so!

Thank you very much UK!!!! Welcome Chile!!!

  

martes, 29 de noviembre de 2016

Guns n' Roses en Chile 2016: El concierto que me faltaba


Estadio Nacional. 21:05 del sábado 29 de octubre de 2016. Se apagan todas las luces del recinto (que, pese a ello, se ilumina aún más con las pantallas y flashes de los miles de smartphones encendidos para captar el momento). Aparecen unas siluetas en el escenario, y el riff inconfundible del bajo de Duff McKagan da inicio al show. “I see your sister in her Sunday dress” canta Axl Rose, y el público estalla al ritmo de ‘It’s so easy’. Ahí están los Guns: Axl, Slash y Duff!!! Tan lejano que parecía este momento, cuando recién a comienzos de este año se anunciaba su reencuentro y posterior gira. Cuando, pendientes de todo rumor, verifiqué que la web oficial de Guns n’ Roses se encontraba en mantenimiento, solo luciendo el clásico logo redondo con las pistolas cruzadas, adornadas por rosas. El mismo logo que Axl dejó de usar luego del Use your Illusion Tour, gira con la que vinieron por primera vez a este país. De vuelta en el Estadio Nacional, suena la poderosa y pegajosa ‘Mr. Brownstone’ y, aunque  el sonido no es el mejor, me hace recordar aquellos años de juventud. Esos años de cassettes grabados de la radio y del personal stereo. Canto a todo volumen junto a Axl y a los miles que repletan el Estadio Nacional. Estamos en galería con la Mona, en el codo nor-oriente, entre la galería que ocupa la Garra Blanca y Andes. Se ve bien, pero lejos. No estaba en esta ubicación desde el show de Eric Clapton, por allá por el 2001.



Llegamos como a las 7 de la tarde, con ansiedad y alegría, con expectativas, pero con tranquilidad. El acceso fue extremadamente expedito, y ni siquiera nos registraron al ingreso. Hasta regalitos de los auspiciadores recibimos. Unas galletas Tritón que de muy buena gana recibí. Quizás si estaban regalando galletas para alimentar a la gallá, en caso que Axl se le ocurriera atrasarse. Una mala costumbre que ya era marca registrada del cantante, hasta esta Gira, donde han comenzado sus actuaciones con puntualidad británica. Nos acomodamos rápidamente y esperamos, mientras veíamos cómo se iba llenando de a poco los espacios vacíos de la cancha y de galería. Si salían tarde no nos preocupábamos, ya que el hijo estaba bien cuidado donde una de sus tías, así que teníamos “chipe libre”. Noche importante porque sería la primera en la que el cabro chico se quedaría fuera de casa, sin sus padres, que ahora disfrutaban de la potencia de la guitarra de Slash, que se luce en un solo eterno que corre paralelo a ‘Chinese Democracy’, canción del álbum del mismo nombre, álbum donde no figuró Slash. Quizás por eso la necesidad de crear un gran solo durante toda la canción, a modo de imprimirle su sello.  Luego, Axl pregunta “You know where you are?” y el estadio se viene abajo con los primeros acordes de ‘Welcome to the jungle’. El sonido mejora y al parecer Axl comienza a ponerse a tono.  Luego vino ‘Double talkin’ jive’, la primera del concierto del ‘Use your Illusion’, álbum de cabecera de mi vida. El solo final de la canción nos demuestra lo que será la tónica de la noche: ¡El show es de Slash! Corre de lado a lado, no suelta la guitarra ni tiene tiempo para descansar. Slash mantiene a la banda, y cubre muy bien los espacios dejados por Axl, tanto musical como visualmente. ‘Better’ fue la segunda del ‘Chinese democracy’ en este show, ese disco que no he escuchado más de 1 o 2 veces. Un sonido más industrial, menos Gunner, pero bien de todos modos.

Tras cartón, uno de los mejores momentos de todo el show, a mi parecer: ‘Estranged’. Una de mis canciones favoritas de la banda, un lado B que no es de las típicas, pero que acá tocaron de manera excepcional. El piano de Dizzy Reed, la guitarra inconfundible de Slash, la voz de Axl, la atmósfera… ¡Fue todo mágico! Para mí, uno de los puntos más altos de la noche (sino el más alto). No alcanzo a recuperarme de la emoción cuando parte ‘Live and let die’ y le sigue la gran ‘Rocket Queen’. Ambos temazos, donde los GnR dan todo en el escenario y yo agradezco infinitamente el privilegio de poder verlos en vivo. Aquella vez que vinieron el 1992 no logré convencer a mis padres. Tenía 11 años y no hubo manera de ir a ese show. Recuerdo buscar alguna radioemisora que lo transmitiera y nada… Al final encontré una radio que estaba transmitiendo un show en vivo, que luego supe era de una actuación en Japón. El show en vivo lo transmitió completo una radio como una semana más tarde y lo grabé en 2 cassettes. Una versión corta y editada del show fue transmitida por el canal 7 (así se le decía a TVN en esos años), con presentación del, en aquel tiempo ñoño, Iván Valenzuela y la, en ese tiempo joven y ondera,  Katy Salosny. En fin, ya todo eso estaba en el pasado, ya nada de eso importaba, porque ahora, aunque más viejos y cansados, con sus cuerpos visiblemente afectados por el paso del tiempo y del carrete, estaban aquí, ante nuestros ojos y oídos. Y se despachan ‘You could be mine’. Y todo iba re bien, hasta que Axl se pone a hablar, y dice algo así como “One step back”. Les pide a los de cancha que se corran un paso más atrás para no aplastar a los que están en la reja. La banda sigue tocando la base de ‘You could be mine’ y finalmente Axl sigue con la segunda estrofa. Slash con la guitarra roja, la misma con la que aparece en el videoclip de la canción, se manda otro solo de aquellos.

Así llegó el momento de Duff, que se despachó la potente ‘New rose’, única canción del álbum de covers ‘The Spaghetti incident?’ presente en el show de esta noche. El cabeceo infernal me pasaría la cuenta al día siguiente, cuando no podía mover el cuello por culpa del headbanging! Se calman los ánimos mientras tocan ‘This I love’, una balada del ‘Chinese democracy’ que vale la pena volver a escuchar. Una balada con todo el sello GnR. La mejor de las tres del ‘Chinese Democracy’ que presentaron, sin duda. Le siguió ‘Civil war’ y a cantar a todo pulmón “My hands are tied!”, tal como la hice tantas veces en mi pieza con la radiocassette a todo volumen, allá en la Villa Portales, hace más de 20 años. Y pegadita vino ‘Coma’ y quedé pa’ dentro! Muy buena interpretación. Otros de los puntos altos de la noche, para mí. Una canción larga, compleja, que la disfruté a concho. Dos joyitas del ‘Use your Illusion I & II’, con las que ya me daba por pagado!

Y eso que faltaba harto todavía, como el solo de guitarra de Slash con la canción del padrino, que sirve de intro para ‘Sweet child o’ mine’. No bien terminamos de cantar ‘Ohh, wow wow sweet child o’ mine”, y Slash ya está haciendo de las suyas otra vez, ahora con Richard Fortus, el otro guitarrista, para  despacharse ‘Wish you were here’ versión instrumental, seguida del piano de Axl tocando el coda de ‘Layla’, de Eric Clapton. Todo, como una larga intro para la memorable ‘November rain’, un clásico de todos los tiempos que merece ser disfrutada abrazando a mi amada.

Así llegamos a la última parte del show, con ‘Knockin’ on heaven’s door’ del ganador del Nobel de Literatura Bob Dylan, seguida de la poderosa ‘Nightrain’! Esa me puso de pie nuevamente, para seguir cabeceando! “I’m on the nightrain, bottoms up!!! / I’m on the nightrain, fill my cup!!!” Todo culmina con ‘Don´t cry’ otra de las baladas clásicas de los Gn’R.

Después de un corto receso, vuelven al escenario a rematar todo con ‘The seeker’, un cover de The Who que sonó mal, para finalizar la fiesta con fuegos artificiales y confeti al ritmo de ‘Paradise City’, canción que destacó por la bulla general de las guitarras y la voz perdida de Axl, que a ratos se lograba escuchar entre tanta bulla. Ya nada importa. Es el final de la fiesta. Todos felices, todos conformes, son los Guns and fuckin’ Roses! Los míticos, los históricos, los únicos! En un concierto que tuvo altos y bajos, canciones que sonaron mejor que otras, en fin. Los Guns nunca fueron perfectos, ni  virtuosos, pero Axl, Duff y sobretodo Slash, aún conservan eso que los hizo ser parte de una de las bandas más influyentes del rock n roll de los 80 y 90s, y que aún hoy, llenan estadios y corazones.



viernes, 6 de mayo de 2016

Mi guitarra

Así se cumplen los ciclos… Hace años y por un error imperdonable rompí la guitarra Tizona de mi papá. Debe haber sido por allá por el 1999, yo estaba recién en la U y mi padre aún andaba en su aventura extranjera. Justo cuando por fin me había animado a tomar una guitarra y empezar a sacarle alguna nota musical. Con unos cancioneros que me compré, y otros que tenía mi papá, comencé a aprender los primeros acordes. Recuerdo como dolían los dedos. Después y con más práctica, ya no tanto. Y de pronto, CRACK! Un movimiento brusco al desenfundar la guitarra y un golpe certero la quebró. Meses más tarde, para mi cumpleaños, mi mamá me sorprendió al regalarme una guitarra, mi primera guitarra. Una Oregon, con cuerdas de nylon y con una cápsula que amplificaba el sonido. Esa es mi guitarra, la regalona. La que ocupé para los T.E.N Awards, en la U, en esa ceremonia estilo Oscars que inventamos, para galardonar a los compañeros de promoción (la más bonita, el más garabatero, la mejor dupla, el más bueno pa’ chupar, etc). Esa fue mi primera presentación ante público. Con mi partner Gerardo deleitamos a la audiencia con un set que incluyó ‘Norwergian Wood’, ‘Dead Flowers’, Pigs on the wing’ y el grand finale ‘Brain damage – Eclipse’, todo en formato unplugged. 



La misma guitarra (y casi el mismo setlist) utilizamos con Gerardo cuando tocamos en la Vicaría, una tocata tipo peña que estuvo entretenida. Así fue pasando el tiempo, con mi guitarra siempre al lado. En KOE recuerdo haberla llevado varias veces para los talleres de Choir que hacíamos, donde la gente escuchaba una canción en inglés, completaba la letra y al final los hacía cantar, guitarra en mano, la canción que ya se habían aprendido. Buenos tiempos. Luego vino el conjunto Chalinga, y nuevamente mi guitarra hablaba por mí, tocando valses chilotes, cuecas y tonadas. Aprendiendo nuevos ritmos y haciendo varias presentaciones en peñas, festivales y hasta misas a la Chilena. Harta alegría y mucho vino en esa época, espectacular. Esa misma guitarra me acompañó cuando me tocó ir a Calama por pega. Ahí, en la pieza del hotel practicaba mis canciones, o en el parque El Loa, algún fin de semana. La misma guitarra con la que traté de impresionar a la Mona, cuando recién estábamos saliendo, y le canté ‘Tu ventana’. Obviamente no se impresionó, pero creo que de alguna manera le gustó que yo le cantara.


 Mi guitarra me apañó siempre, en todos los cambios de casa que tuve, en todas las mudanzas, era un objeto de cuidado. Con la llegada de Alonso la guitarra se convirtió en un juego más, en una forma de acercarlo a la música y a los instrumentos. Es cierto que aún no logro que toque alguna nota, pero no me preocupo. Yo recién tomé una guitarra a los 19 años. Así se cumplen ciclos… Hace años y por un error rompí la guitarra de mi padre. Este fin de semana, y por un error, Alonsito movió la silla donde mi guitarra estaba apoyada y PAF! Se vino abajo, como tantas veces. Pero en esta ocasión con consecuencias fatales. Esta vez y para siempre, se quebró ese instrumento, ese pedazo de madera que tantas alegrías me trajo y que tanta compañía me hizo. Será de dios, como dicen por ahí... A juntar las lucas pa' comprarse otra, una que trace su propia historia.


viernes, 5 de febrero de 2016

Let's spend the night together: Los Rolling Stones en Chile 2016


Fecha: 03/02/2016
Hora: 21 hrs.
Recinto: Estadio Nacional

Contexto

De vuelta al Nacional. Desde el año 2012 que no venía a este estadio, aquella vez atraído por la muralla de Roger Waters. Ahora era el turno de saldar la deuda de otros monstruos del Rock: The Rolling Stones. Hace 21 años tocaron en este mismo estadio, y Mick Jagger lo mencionó en algún momento del concierto. Había una deuda con los chilenos, más bien había una deuda de los chilenos con los Stones, y fue saldada con creces la noche del pasado miércoles 03 de febrero.

Todo había comenzado meses atrás, con el anuncio que los Stones vendrían a Chile el 2016. Una vez confirmada la fecha se pusieron a la venta las entradas y mi Moni me instó a que las compráramos de inmediato. Un rápido análisis con mi señora, y con mi partner de tocatas, Gerardo, terminó en la decisión de comprar entradas para Cancha General, ticket nada de barato ($59.000.- más cargos por algún misterioso servicio que nunca he sabido cuál es, de $8.850.-). Con entradas en mano era cuestión de tiempo para poder disfrutar de esta música que lleva más de 50 años sonando en el planeta y que ha estado en mi vida desde que tengo memoria. No podría recordar cuándo fue la primera vez que escuché ‘(I can’t get no) Satisfaction’ o ‘Angie’. Si recuerdo ‘Paint it black’, gracias a que mi tío Pato veía la serie ‘Misión del deber’, que se transmitía por el canal 11, RTU en aquella época de principios de los ‘90.

La tensa espera

Llegó el día. Los Stones habían llegado el domingo y se habían mostrado amables y sencillos con el público chileno. Nosotros (a saber, la Moni, el Yayo y yo) llegamos al Estadio en auto, no sin complicaciones de tráfico, alrededor de las 19:20. Pese a los problemas que hubo al ingreso nosotros tuvimos mucha suerte y pudimos ingresar al recinto por el acceso de calle Marathon (originalmente sólo habilitado para entradas de sectores Pacífico y cancha preferencial). Con esa ventaja,  alrededor de las 20 hrs. ya estábamos instalados en cancha general, bien al medio, entre las 2 grandes torres que soportaban la amplificación y sistema de iluminación (cañones de luz), mientras en el escenario el grupo Los Tres junto al Macha (cantante de Chico Trujillo) tocaban ‘Un amor violento’. 

Lamentablemente y pese a que lo habíamos “planeado” y conversado, no pudimos juntarnos con mi amigo Gerardo y la Gabi. Con Gerardo tengo recuerdos de haber ido a muchos grandes conciertos (Santana, Deep Purple, Paul McCartney, Roger Waters, Bob Dylan) y esta no podía ser la excepción. Gerardo, el weón más fanático que conozco de los Stones, el que me prestó cuanto cassette no tenía para que me enganchara en serio con estos londinenses. Con el que tocamos ‘Dead flowers’ en cuanto carrete armamos donde hubiera una guitarra y copete. Pero encontrarse en cancha se volvió cada vez más difícil. A las 20:30 ya no se distinguía nada sino un mar de cabezas, y la nula conexión telefónica y de internet me hicieron aceptar que ya no habría caso y que, con suerte, nos podríamos juntar la final del show para intercambiar opiniones.

 La fiesta comienza

El tiempo pasaba lentamente. Parecía que Los Tres habían terminado hace siglos y la espera se hacía eterna. De pronto, pasadas las 21 hrs. por fin se apagaron las luces del estadio y se encendieron las 3 pantallas gigantes del escenario, una a cada costado y una al medio, donde comenzó la proyección de un clip que mostraba la ruta de los Stones hacia Chile, haciendo un recorrido por las portadas de sus discos y fotos memorables. Terminado el clip suena el riff de ‘Start me up’ y comenzó la fiesta. Ahí estaban, por primera vez ante mis ojos y oídos Keith Richards, Mick Jagger, Ronnie Wood y Charlie Watts! Tan activos como siempre, tan rockeros como hace 50 años. Salté y grité toda la canción con la emoción y alegría que sólo pueden dan los conciertos en vivo de tus bandas favoritas. Terminado el tema atacan con otro clásico rollinga: ‘It’s only rock n’ roll (but I like it!)’. Su declaración de principios, y el estadio cantaba “Ohh, no, It’s only rock n’ roll but I like it!”. 

Para rematar ese espectacular comienzo, aparece en pantalla el gran Chuck Leavell y el inconfundible piano de ‘Let’s spend the night together’. Imposible no emocionarme con una de mis canciones favoritas de todo el amplio repertorio de los Stones. Mick Jagger moviéndose como si tuviera 20 años, con sus bailes, sus expresiones y sus carreras de un lado al otro del escenario, un verdadero showman que entre canción y canción hablaba en un correcto español, diciendo palabras y frases típicas chilenas, como cuando saludó y dijo “Hola cabros”, o “Es bacán estar de vuelta” y “Ustedes son la raja”. También comentó que habían visitado algunos sitios culturales en su estadía en Chile, como la casa de Pablo Neruda (sacó aplausos), un café con piernas (sacó más aplausos) y que había adoptado 4 perros quiltros (sacó aplausos y risas). Me sorprendió gratamente su cercanía con el público, su interés por aprender palabras y conceptos típicos chilenos, y su buena onda. También me sorprendió que recalcaran que se sentía bien estar de vuelta y que habían pasado 21 años desde su última visita al país (me da la sensación que no pensaban que tenían el arrastre que vieron en Chile, no sé por qué siento que se sorprendieron y les dio gusto y a lo mejor algo de pena no haber incluido a Chile en alguna de sus anteriores pasadas por el cono sur). En fin, en cuanto a lo musical, siguieron con ‘Tumbling dice’, que le dio una pausa al ritmo demoledor con el que comenzó el show. Le siguió ‘Out of control’, donde pude ver clarito a toda la banda entre las cabezas de los miles que estaban entre mi posición y el escenario, básicamente porque no era una canción que la gente conociera mucho, así que bajaron sus brazos y celulares (maldita costumbre de registrarlo todo en cámaras… Bueno, yo prefiero escribirlo para futuras referencias, mi memoria es demasiado frágil y es un buen ejercicio escribir para no olvidar).

Los clásicos incombustibles

Prácticamente todo el show lo vi por las pantallas gigantes, pero no importó. Nada importó cuando Mick dijo que viene la canción que eligió el público. Dice que intentaron sacar ‘El guatón Loyola’ pero que era muy difícil, mientras en la pantalla aparece escrito ‘She´s a rainbow’, Jagger se cuelga la guitarra al cuello y se largan con esa espectacular canción, otra de mis favoritas, de su época más hippie y experimental. La verdad tengo mis reparos con como sonó la canción en vivo, pero no pude dejar de emocionarme al escucharla (“She comes in colours everywhere, she combs her hair, she’s like a rainbow”). Luego de eso, otro clásico de esos que paran los pelos: ‘Wild Horses’… Brillante ejecución, como en los setentas… O mejor!!! Una maravilla de canción, que disfruté abrazando a la Moni y escuchando a los maestros. Y como si todo ello fuera poco, pegadita vino la clásica ‘Paint it black’, con Ronnie Wood tocando la guitarra con efecto de sitar. Si bien la canción la tocaron notoriamente más pausada, lo que hizo que perdiera un poco de su fuerza característica, de todos modos fue uno de los grandes momentos de la noche en el Nacional.

Le siguió ‘Honky tonk women’, maravillosa, con los bronces y los coros, muy Stones. Esto dio paso a que Jagger presentara uno por uno a los miembros de la banda, partiendo por los coristas y músicos de apoyo, para ir luego con Charlie, Ronnie (el modelo original de “El pilucho”, en palabras de Mick), dejando para el final a Keith Richards, quien fue ovacionado por largo rato, sin saber qué decir, salvo un escueto “It’s good to be back”, mientras se adueñaba del micrófono para cantar ‘You got the silver’, uno de los grandes momentos de la noche. Espectacular presentación, con la slide guitar de Ronnie y la voz carrasposa de Keith. Creo que fue una de las que mejor salió en el Nacional, espectacular! Le siguió otra de Richards, ‘Happy’, que no sonó tan bien, pero que me encanta así que no importó mucho.

Mick volvió al escenario para cantar nada más ni nada menos que ‘Midnight rambler’, un blues largo que le permitió al vocalista interactuar con el público, y a nosotros deleitarnos con esa joya del álbum ‘Let it bleed’ del año 1969. En seguida Mick preguntó a la audiencia si querían cantar con el, y partió ‘Miss you’, otro highlight de la noche. Probablemente la que más me gustó de este show, me sorprendió como sonaba, el bajo de Daryl Jones y el público cantando “uh uh uh uh uh uh uh”. Ahí me di cuenta que esa es una gran canción.  

Se acerca el final

Con el público a sus pies, los Stones comienzan su despedida con himnos, con esas canciones que perduran en el tiempo y que son verdaderos tesoros que nos regalaron. Comenzaron con ‘Gimme shelter’ con una interpretación brillante, bonita, emotiva, que fue la antesala de uno de los más clásicos y reconocibles riffs de Keith: ‘Jumping Jack Flash’. Ahí me acordé de nuestro Alonso, mi hijo de 4 años y medio que goza esta canción, y que estoy seguro hubiera disfrutado este concierto si hubiera sido algo más crecido. Me lo imagino años más tarde regañándome enojado porque no lo llevamos cuando, una noche de febrero del 2016, los papás fueron a ver en vivo a los Rolling Stones. Espero me perdone y entienda que él a sus 4 años y medio no soporta el volumen alto de los shows en vivo ni las aglomeraciones de gente, y que entienda que el papá quería disfrutar ese concierto a concho. Luego le siguió la espectacular e infaltable ‘Sympathy for the devil’ y una vez más la emoción de ver y escuchar a estos gigantes del rock n’ roll me envolvía mientras cantaba y trataba de atesorar en mi memoria cada movimiento de Jagger, cada riff de Richards! Probablemente mi canción favorita de todo el catálogo Stone y que sonó perfecta, con Mick usando una capa con plumas, y las pantallas mostraban símbolos religiosos y un macho cabrío que nos recordaba que sus majestades satánicas estaban aquí, presentándose ante nosotros, y brindando un show que será recordado por siempre!

Con ‘Brown sugar’ la fiesta fue total, con el estadio contagiado con toda la energía que derrochaban estos músicos de más de setenta años de edad, disfrutando lo que todos entendíamos era un momento histórico. Gente de todas las edades bailando, cantando, gozando este regalo, todos unidos alegres gracias a estos monstruos del rock. Termina la canción y se escucha un “Gracias Santiago” que dio paso al primer y único corte que tuvo el show. Se apagaron las luces y el escenario quedó vació. Por supuesto que queríamos disfrutar aún más. Comenzaron los “Whoo Whoo ooh ooh ooh” (que lamentablemente remplazaron al genial y original “No nos vamos ni cagando” que tanto me gusta).

Encore

Faltaba el grand finale. Se enciende un foco y aparece un coro de jóvenes que empieza a cantar ‘You can’t always get what you want’. Jóvenes chilenos cantando ahí, junto a los Stones. Sonó bello, sublime. El coro espectacular dio paso a la guitarra y el corno francés característicos de este tema… “You can’t always get what you want, but f you try sometime you might find you get what you need”, qué verdad… Esa noche tuve lo que necesitaba.

Y para terminar la fiesta, obvio, el inconfundible riff de ‘(I can’t get no) Satisfaction’ y el estadio explota!!! 50 mil almas bailando, saltando y cantando un clásico del rock que sonaba ahí, en vivo para nosotros, interpretado por los mismos que lo grabaron hace más de 50 años. Y sonó tan fresca, tan rebelde, tan potente como siempre! Gracias Mick, Keith, Ronnie y Charlie por acordarse de Chile, por venir y saldar esa deuda, esa deuda que tenía Chile con ustedes y con lo que significa su música para miles de chilenos que llegamos esa tarde de verano a disfrutar, a reír y emocionarse con la que es sin dudas la más influyente e importante banda de rock que aún sigue rodando por el mundo. 

Keep on rolling and rocking Rolling Stones!!!