martes, 16 de noviembre de 2010

Paul McCartney en Buenos Aires


Día: Miércoles 11 de noviembre de 2010

Hora: 21:00 hrs.

Lugar: Estadio Monumental de River Plate. Buenos Aires, Argentina.


Luego de disfrutar de un café y un alfajor en ‘Havanna’ en pleno centro Bonaerense nos dirigimos mis amigos Rodrigo, Jorge y yo a tomar el “colectivo” (micro) que nos llevaría, por 1 peso y 25 centavos, (algo así como 130 pesos chilenos) al Estadio de River Plate, para presenciar el mejor concierto de nuestras vidas.


Corrimos para tomar el 130, que iba lleno de personas con poleras y polerones alusivos a The Beatles (incluso un chileno sin entrada que iba a ver si encontraba algo). La Beatlemanía se había vuelto a tomar las calles y las micros, como si Buenos Aires fuera Liverpool, como si estuviéramos en los 60s, como si un viejo sueño se hiciera realidad esa tarde.


Cuando bajamos de la micro quedamos inmediatamente haciendo una fila de 10 cuadras o más, compuesta por personas de todas las edades, jóvenes, niños, viejos, señoras. Yo saqué mi bandera y, con la "picardía del chileno", fuimos avanzando y colándonos para poder avanzar más rápido. Por fin llegamos al acceso al estadio. No hubo revisión, ni toqueteos, ni retención de encendedores ni otros elementos, sólo cortaron la entrada y ya estábamos dentro. En el escenario el ex –cantante de Los Piojos entretenía a la audiencia. Nosotros, en Platea Belgrano Baja, fila 2, asientos 1, 2 y 3, nos preparábamos para una noche que sería muy especial. Hubo poca conversa, estábamos más bien callados, como en una tensa calma, como cuando de niño uno esperaba que dieran las 12 para abrir los regalos que había bajo el árbol de navidad.


Los minutos pasan lentamente. Mi vecina de asiento me pregunta si vine al show de la noche anterior. También buscaba pistas para saber qué era lo que se venía.


Un cuarto para las nueve se apagan las luces y comienza la proyección de un video con fotografías de todas las épocas de Paul y sus amigos. Aparecen The Beatles, Wings, su fallecida esposa Linda, y un largo etcétera, todo acompañado por versiones remixadas de sus canciones ('Say say say', 'Silly love songs', etc. En clave punchi-punchi).


Finalmente a las 21:20 aproximadamente (no me preocupé de ver mi reloj) aparece Sir James Paul McCartney en escena, con un traje negro, a la medida, con sutiles bordes rojos en los bolsillos, su bajo Hofner, y su sencillez. Todo el público lo ovaciona y él saluda muy cordialmente. De pronto comienzan los primeros acordes de ‘Magical Mystery Tour’ y el sueño comienza a hacerse realidad, con uno de Los Beatles tocando en vivo para mí, para nosotros que habíamos hecho nuestro propio Tour Mágico y Misterioso desde Santiago. Esa fue la primera sorpresa de la noche, ya que en los setlists que había revisado no estaba incluida, ni tampoco la tocó la noche anterior.


Después vino ‘Jet’ y me emocioné mucho. Ver la alegría y la vitalidad de McCartney sobre el escenario cuando hace poco más de un mes pensaba que no lo podría ver jamás en vivo porque descartaba a Chile de la parte sudamericana de la gira. Con ‘All my loving’ todo el público prendió. Al fondo del escenario se proyectaban fotos de John, Paul, George y Ringo y las mega pantallas laterales nos mostraban detalles que no era posible apreciar a simple vista. La voz la maneja en muy buena forma, la banda es sólida, el sonido, espectacular. Entre canción y canción se da tiempo para interactuar en español con el público. Dice que somos muy “buena onda”. Saluda a los argentinos en español, y casi todas sus intervenciones las hace en nuestra lengua. A esa altura ya había olvidado mi cámara fotográfica y lo único que importaba era disfrutar cada segundo de lo que ahí se estaba viviendo. Hubo sorpresas, como cuando interpretó la bellísima ‘Bluebird’ (del álbum ‘Band on the run’) sólo con su guitarra acústica. También interpretó ‘Blackbird’, ‘I’ve just seen a face’, ‘Here Today’ (canción que escribió como homenaje a su gran amigo John Lennon) y ‘And I love her’. Yo estaba emocionado hasta las lágrimas, las que cayeron por mis mejillas cuando, sentado al piano, comenzó ‘The long and winding road’. Cuando cantó ‘My love’ recordé a mi Mona, que estaba en Santiago, tan lejos, con nuestro pirigüín, y lloré. Y seguí llorando cuando, solo en el escenario tocando un ukelele, Paul comienza a interpretar ‘Something’ (“Esta canción es para mi amigo George”, dijo antes de empezar) y, en medio de la canción entra toda la banda, con solo de guitarra incluido. Nunca pero nunca imaginé, ni en mis mejores sueños, tener la posibilidad de escuchar esa hermosa canción en vivo por un Beatle.


En fin, no sé que más contar. Los recuerdos se agolpan en mi cabeza, y creo que no siguen el orden en el que fueron las cosas, pero qué importa, el orden de los factores no altera el resultado. Recuerdo cuando dijo “con esta guitarra compuse esta canción hace más de cuarenta años” y empezó a tocar ‘Paperback writer’, como si nada. De los Beatles, interpretó muchos temas: ‘Eleonor Rigby’, ‘A day in the life – Give peace a chance’ (simplemente genial), ‘I’ve got a feeling’ (con un registro vocal impresionante), ‘Drive my car’, ‘Ob-la-di Ob-la-da’ (que se convirtió desde ese día en una de mis favoritas, creo que en esta etapa de mi vida me empieza a hacer mucho sentido) ‘Back in the USSR’, ‘Let it be’ (tocando un piano de cola) y ‘Hey Jude’, con la que terminamos todos cantando el estribillo. Con esa canción Paul dejó por primera vez el escenario, y suponemos que tomó agua, ya que durante todo el concierto no lo vimos tomar ni una gota de liquido, ya quisiera yo llegar a los 68 años con ese estado físico.


De su banda setentera Wings cantó varios temas también: La antes nombrada ‘Jet’, ‘Let me roll it’ (con su inconfundible riff de guitarra), ‘Mrs. Vandebilt’ (con todo el estadio cantando “Oh Eh Oh”, la raja!), 'Nineteen hundred eighty five’, ‘Let ‘em in’ (con una interpretación espectacular), por supuesto que tocó ‘Band on the run’ (un clásico de clásicos) y ‘Live and let die’ con fuegos artificiales y parafernalia (necesaria en todo concierto de rock que se precie de tal).


De sus últimas creaciones cantó ‘Dance tonight’, donde toca una mandolina y el guatón de la batería (Abe Laboriel Jr.) toca el bombo con un pie mientras baila con el resto de su humanidad, y dos temas del último álbum de su proyecto The Fireman: ‘Highway’ y ‘Sing the changes’, ambos temazos maestramente interpretados, y que, en mi humilde opinión, suenan incluso mejor en vivo que en estudio (Como el caso de ‘Let me roll it’ también, qué manera de sonar bien por la chucha!!!!)


En su primer bis el maestro se despachó puros “temas malos”: ‘Day tripper’, ‘Lady Madonna’ (donde tocó en su piano psicodélico) y ‘Get back’ (qué emoción, ahí yo ya no daba más). Luego salió al escenario con una camiseta de la selección argentina, con su apellido escrito en la parte superior de la espalda, sobre el número 10: "Soy Diego" dijo.


Luego vino ‘Yesterday’, para finalizar con todo el power de ‘Helter Skelter’ y el final sublime y majestuoso de ‘Sgt. Peppers Lonely Hearts Club Band (reprise)’ y ‘The end’ con el solo de batería de Abe y el solo a tres guitarras de Paul, Brian y Rusty. IM-PRE-SIO-NAN-TE!!!


Creo que no tengo palabras ni en español ni en inglés para describir lo que viví esa noche. Pasaron muchas cosas por mi cabeza, recuerdos de niño cuando cantaba ‘Drive my car’ solo en mi pieza con la escoba como guitarra, o cuando junto a mi mamá escuchábamos ‘Abbey Road’ completo a la hora del aseo. Recordé a mi papá con ‘The long and winding road’, a mi señora y a nuestro futuro, a mi hermano. En fin, fueron muchas emociones para poder procesarlas en sólo tres horas de intenso show. Además, haber estado en el estadio con Jorge y Rodrigo, con quienes cantamos ‘Get back’ desde que estamos en primero medio, haber viajado a Buenos Aires con ellos, conocer el estadio de River, todo fue demasiado…


Me traje una polera, algunas fotos y un cúmulo de emociones que espero atesorar por siempre en mi corazón. Se escuchan rumores que dicen que McCartney podría venir a Chile el 2011. Ojalá, ojalá poder ver nuevamente, poder sentir nuevamente lo que ese día sentí.

Como canta Paul en ‘Sing the changes’, ojala poder volver a experimentar la sensación del asombro infantil... “Feel the sense of childlike wonder”.


miércoles, 22 de septiembre de 2010

Bitácora del Dieciocho "Bicentenario" (Último día)

Lunes 20 de Septiembre de 2010


Último día nadie se enoja. En cama hasta la hora de almuerzo. Solos los dos en el depto. sin apuros, sin compromisos, sin visitas, solos los dos... rico! Merluza con ensaladas de almuerzo, un a copa de chardonnay, y un paseo al Parque Forestal. Horneamos un poco de pan pre horneado (recuerdan que los empresarios hablaban de desabastecimiento cuando se declaró feriado de 3 días para los supermercados y malls. Al final no se murió nadie por no ir al Plaza Vespucio a vitrinear, jajaja), tomamos tecito y a la cama.


Gran Dieciocho, que fue sólo eso, ni más ni menos: un gran Dieciocho. El mentado Bicentenario dejémoslo para el presidente y sus ministros, para las multitiendas y supermercados, para los medios de comunicación y sus programas “culturales”. Para el chileno de a pie, el chileno medio, el dieciocho es dieciocho no más, sin apellidos ni apelativos que no se sienten. Porque al final, ¿Qué se va a celebrar si hace 200 años que se vive igual? ¿Si los pobres de ayer son los mismos que los pobres de hoy? ¿Si las oportunidades que los “padres de la patria” prometieron nunca llegaron?


Mientras siga la desigualdad de mierda que nos rige, mientras el pueblo Mapuche siga sin ser escuchado ni tomado en cuenta (y no sólo los Mapuche, sino que todos los pueblos originarios), mientras las condiciones laborales no mejoren, mientras el pueblo no sea tratado con dignidad por parte de los que gobiernan nuestro país (políticos y empresarios, que al final son la misma cosa), mientras nuestro país siga siendo lo que es (y lo que se proyecta que siga siendo –una maqueta mal hecha de país en eterna vía al desarrollo) no hay nada que celebrar. Si hay mucho que exigir, hay mucho por qué luchar y hay poco que perder en el intento.


¡Bicentenario, nada que celebrar!


Ahh, se me olvidaba:

Celebración Oficial Bicentenario a la que no asistimos: Revista Naval Bicentenario


Bitácora del Dieciocho "Bicentenario" (Día 4)

Domingo 19 de Septiembre de 2010


Costó despertar. A las 1 de la tarde recién empecé a abrir los ojos. Como en cámara lenta nos levantamos, nos duchamos, nos vestimos y salimos de nuevo a la pelea. Esta vez el destino era la casa de mi madre en la gloriosa Estación Central. Llegamos con un aperitivo y mi madre y la güely nos recibieron con empanadas de camarón – queso (muy ricas!). Luego, carne de vacuno, cerdo, longanizas (de Chillán) y ensaladas varias, todo acompañado con un pebre cuchareao “de esos tan ricos que hace mi amá” (parafraseando al gran Tito Fernandez). Apagamos la tele y su Parada Bicentenario para escuchar música chilena y güena!


De postre, mote con huesillos. Otra copita de vino, una que otra chela y partimos al Bicentenario Ciudadano y Popular que se organizó por distintas organizaciones sociales, como alternativa a las celebraciones “oficiales” donde se gasta mucha plata en puras leseras. Llegamos tarde a la cita en el Parque Portales (en pleno Bello Barrio de Redolés), quedaba poca luz natural, pocos puestos de artesanía y muchos curaos. Igual nos sirvió para salir a caminar, y mientras los Legua York rapeaban en el escenario central nosotros continuamos caminando hasta llegar a la Alameda, para ver el mentado show de luces. En Alonso de Ovalle con Paseo Bulnes había harta gente, sin embargo pudimos ver algo del espectáculo. De todas formas, es raro que hayan proyectado un espectáculo de luces en una fachada tan pequeña (tan baja) para ser presentada a tanta gente (bueno, no es TAN raro pensando en el gobierno "de excelencia" que tenemos organizando esto!)


De vuelta a la casa de mi juventud, degustamos una buena piscola (con Bauzá, cómo no!) y unas exquisitas machas a la parmesana. Pochitos y cansados llegamos a casa. Fin del día cuatro, ufff!


Celebración Oficial Bicentenario a la que no asistimos: Parada Militar Bicentenario


Bitácora del Dieciocho "Bicentenario" (Día 3)

Sábado 18 de Septiembre de 2010


El panorama dieciochero nos llevó esta vez a Casapiedra (la casa de la Sonia - otra de mis cuñadas - que es lugar de reunión del clan Benavides-Aguayo). Así que, tempranito, echamos un par de Antillancas a la mochila, y partimos. Al llegar me calzaron con la parrilla (o me calcé yo solo, parece) ya que el parrillero oficial de la familia se fue al sure pa' las fiestas. Luego de un par de chelas salieron los choripanes y el asado (medio durazno, pero salvó igual). Después de unos cuecazos partimos a las Fondas del Parque Mahuida, donde remojamos el güergüero con ese néctar de cebada fermentada llamado cerveza. Cuando el sol ya caía bajamos a la ciudad y nos encaminamos hacia la Quinta Normal: La Yein Fonda era nuestro siguiente destino.


Eran como las 21:30 hrs. cuando la Mona, la Romy, el Yayo y yo llegamos a la Yein Fonda y nos recibió el canto de María Ester Zamora y Pepe Fuentes (parroquianos de siempre en la fonda de Álvaro Henriquez). Nos agenciamos unos traguitos, un sanguchito y a la pista a bailar... En eso sale Alvarito con Los Pettinellis (que de Pettinellis tenían el puro nombre, ya que era Álvaro Henriquez y 3 gallos más. O sea, sorry por Joselo, pero Camilo Salinas es Camilo Salinas, y sin él, los Petinellis no son lo mismo). Igual, la gozamos con exitazos como 'Un hombre muerto en el ring', 'No hables tanto', 'Amada' (que a todo esto no viene en el álbum del grupo, sino en el disco solista de Henriquez, pero en fin...), y el gran hit electrónico 'Ch Bah Puta la Weá'.


Luego seguimos el bailongo con música envasada del uno, de esa que no te permite quedarte quieto. Después de como media hora era el turno para los grandes: Quilapayún, presentados por el dueño de casa. Entre los 'Malembe' y 'La Muralla' y el clásico de Violeta 'Mire como sonríen' se dieron maña pa' tocar junto a Henriquez 'Mi patria' y 'Pájaros de fuego'. 'La batea' fue la ocasión precisa para reírse de las "frases para el bronce" de nuestro querido presidente (del tipo "Tusunami", "Marepoto", y otras).


Break musical (ideal para mamarse una tremenda fila en el baño) y luego seguir con Buddy Richard: 'Mentira', 'Amor por ti', 'Despídete con un beso', 'Tu cariño se me va' (éstas dos últimas con el líder de Los Tres), 'Si me vas a abandonar' y 'Balada de la tristeza' fueron parte del repertorio del maestro. Obviamente las cantamos todas y la voz a esta hora ya se hacía cada vez más ronca.


Más tarde vino el turno de los locales: Los Tres. Como buenos dueños de casa, se sentían a sus anchas e hicieron lo que quisieron sobre el escenario. La fuerza de la guitarra rockera de Ángel más el Rickenbaker de Titae y la voz de Henriquez crean la atmósfera perfecta para el rock pop clásico delos oriundos de Concepción. 'Hojas de té', 'Tírate', 'La torre de Babel', 'He barrido el sol' ya son himnos que fueron coreados por la multitud presente. También hubo tiempo para nuevos hits (en realidad sólo uno, 'Shusha', su más reciente single, adelanto del nuevo álbum que viene) y para versiones de 'Ventolera' y 'Déjate caer' junto a Quilapayún.


Pasadas las tres de la madrugada llegaron las cuecas de Los Tricolores, y para finalizar la larga velada: ¡Chico Trujillo! Ahí todo fue baile y bacilón: 'Gran pecador' le cantamos al Yayo, 'La medallita' nos recordó a la Anto, y 'La Escoba' dejó la ídem en toda la fonda (a esta altura la alfombra ya se había corrido y el polvo del suelo de la Quinta nos envolvía y entraba por nuestras vías respiratorias, pero no importó).


Diez para las cinco de la madrugada se acabó el show, y también nuestras fuerzas. Cansados, pero alegres regresamos a casa (me tinca que el Yayo quedó con ganas de ir al Mercado Central por un mariscal, pero pa’ otra vez será)


Celebración Oficial Bicentenario a la que no asistimos: Fiesta del Bicentenario Estadio Nacional.


Bitácora del Dieciocho "Bicentenario" (Día 2)

Viernes 17 de Septiembre de 2010


Despertamos con un telefonazo: una de mis cuñadas nos invita a comer choripanes y empanadas fritas... mmmm! Nos levantamos y acudimos raudos al llamado de la chilenidad dieciochera que dice que hay que comer y tomar porque hay que comer y tomar... Y comimos y tomamos, porque ¡Familia que toma unida, permanece unida!


En la noche, volvimos a las Fondas del Parque O'Higgins, esta vez con los amigos de Plagio. Después de vitrinear un rato, cotizar, regatear y hacer sed, recalamos en la Fonda "Donde el Carmelo". Ahí degustamos unos terremotos (que desde febrero de este año cobraron un nuevo sentido), un jarro de chicha (que en realidad era jugo de algo... uva, supusimos) y unos anticuchos bastante buenos... harta juventud, cumbias villeras y reggeaton que de pronto se silenciaron para pasar a un momento de solemnidad: Eran las 00:00hrs. y el Bicentenario llegaba oficialmente. Todos en la fonda de pie para cantar el himno patrio (con mano en el corazón y todo), confeti que cae desde el cielo y sigue la música ¡Feliz Bicentenario! Parecía año nuevo!!! Luego más cumbias, incluyendo La Makinita (Juana Fé) y un pie de cuecas que zapateamos con la Mona.


Para terminar el día (o la noche, según el punto de vista) nos fuimos a jugar taca-taca. En fin, lo pasamos la raja, en muy buena compañía, y se fue el día dos.


Celebración Oficial Bicentenario a la que no asistimos: Izamiento de la Gran Bandera del Bicentenario.

martes, 21 de septiembre de 2010

Bitácora del Dieciocho "Bicentenario" (Día 1)

Jueves 16 de Septiembre 2010


Trabajo "normal" en la pega. Normal entre comillas, porque ad portas de una celebración como ésta no hay manera de concentrarse en nada más que no tenga olor a asado. En realidad lo único normal de la pega ese día fue el horario. Trabajar hasta las 6 p.m. cuando ya todo el mundo estaba en las calles celebrando desde temprano, y en la alameda se hacían las últimas pruebas de sonido del show de luces que se montó en La Moneda. Como guinda de la torta, los aviones F-16 surcaban los cielos preparándose para la Gran Parada Militar del Bicentenario (Nota: el Bicentenario a esta altura ya me tenía chato).


Después de la pega me junté con mi señora y partimos al Parque O'Higgins a vivir una de nuestras más queridas tradiciones: El Tour Dieciochero, junto a nuestros ex compañeros y amigos. Llegamos al parque, pero, oh, sorpresa: Está todo lleno de rejas y vallas. La razón: El Presidente acaba de llegar para inaugurar las fondas... ya y??? Las fondas no pueden abrir antes que el Presidente haya hecho su show... cueck!


Finalmente nos agenciamos una mesa y unas chelas por ahí. Luego, a lo que vinimos: La Chingana de Los Abrazos! Sí, la fonda comunista que siempre nos recibe con los brazos abiertos y una sonrisa ancha. Una mesa, seis sillas, dos chorrillanas y un jarro de pipeño más tarde y ya estábamos bailando al son de las cumbias. Luego vino el turno de las cuecas, con Los republicanos de La Cueca. Entre medio, discursos, saludos a dirigentes y diputados varios, etc, etc. Valió la pena (siempre vale la pena carretear con amigos que uno no ve hace rato). Tipín medianoche partimos a la casita, con la novedad que no pasaban taxis, lo que nos hizo caminar unas cuadras, hasta Nataniel (-ahí encontraremos un taxi desocupado, amor-), de ahí hasta Sta. Isabel (-en Sta. Isabel si que sí-), y luego hasta Alameda (-por la misma... ¿Cómo no vamos a encontrar un puto taxi?-), y finalmente terminamos llegando a pata a la casa (-Eso es lo bueno de vivir en el Centro... queda todo cerca-). Fin del día 1.


Celebración Oficial Bicentenario a la que no asistimos: Show de luces en La Moneda: 'Puro Chile, Pura Energía'

martes, 31 de agosto de 2010

De la protesta ciudadana

A propósito de lo sucedido hace algunos días atrás sobre la termoeléctrica Barrancones en la 4ta región, y la posterior manifestación "ciudadana" impulsada por las redes sociales y que hizo que el propio presidente negara la construcción de dicho proyecto me surge una duda que trataré de exponer aquí: ¿Es en realidad tan fuerte el poder ciudadano? ¿Todo movimiento ciudadano tiene el mismo peso? y por último ¿Existen diferentes tipos de ciudadanos en nuestro país?

En muchas oportunidades la ciudadanía, la gente, el pueblo, se ha pronunciado sobre aspectos que le son de relevancia. Sin embargo en muy pocas oportunidades se había visto una respuesta tan inmediata a sus demandas. Es más, en la mayoría de los casos la protesta no pasaba de ser una bonita postal de un Chile democrático, donde la mayoría tiene voz y se puede expresar libremente en las calles (aunque su opinión no valiera nada en realidad). ¿Qué cambió esta vez?

A mi parecer lo que cambió en esta oportunidad no fue ni las demandas ni el alto poder de convocatoria (protestas y marchas multitudinarias tanto en Santiago como en regiones) sino que el perfil del que protesta. Las protestas de la semana pasada se originaron por las redes sociales, en particular Facebook y Twitter. La demanda era una sola, y bastante clara: salvemos Punta de Choros, y las personas que protestan: profesionales jóvenes, con una gran preocupación por el medio ambiente, personas con algún grado de influencia en la ciudadanía (vimos periodistas, gente de los medios de comunicación, diputados y senadores, etc). En suma, un grupo "diverso" (sólo en cuanto a visión política se trata), con cierto grado de educación y que encuentran que protestar y pelear por por causas globales (es decir, que afectan al planeta en su conjunto) es cool, es vanguardista, es primer mundista.

Claro, por que al parecer, Chile, país en una eterna vía hacia el desarrollo, debe preocuparse por los temas que afectan al mundo global, a los países del primer mundo donde ya no es un problema el sueldo mínimo, ni el transporte público, ni el acceso a la salud ni la educación de calidad. Pareciera que en Chile no hay problemas con las etnias y pueblos originarios, no tenemos que preocuparnos por la poca estabilidad laboral, ni por la calidad de los empleos que se ofrecen. Para qué seguir marchando por una mejor educación (si quieres mejor educación, paga por ella) y gastar las gargantas por convicciones izquierdozas. Lo que la lleva ahora es el ambientalismo, la defensa a los animales y la flora y fauna de lugares a los que pocos pueden acceder.

En un país donde 32 mapuche están en huelga de hambre para que el Gobierno de Chile le reconozca sus derechos, 33 mineros se encuentran atrapados, bajo tierra, a 700 mts. de la superficie, por culpa de una empresa minera que no invirtió en seguridad para sus trabajadores, en un país donde miles de estudiantes secundarios y universitarios piden a gritos un cambio en la manera de administrar la educación pública (recalco PÚBLICA), en un país donde el sistema de salud, de previsión, de transporte, a fin de cuentas, el sistema de vida es abismalmente diferente para una persona del quintil más rico de aquella del quintil más pobre. En este país tercer mundista, con miles de problemas por resolver, la "ciudadanía" de "clase media emergente" cree firmemente que es mucho más valioso salir a las calles y defender la calidad de vida de los pingüinos de Humbolt y delfines de punta de choros, que protestar para que sus compatriotas menos afortunados tengan un mejor pasar por esta tierra.

Solo me queda pensar que en este país de dos caras, una se ufana del Chile solvente del bicentenario, mientras la otra ve pasar el desarrollo por su lado, como hace docientos años, como hace quinientos años.