El café está algo frío, pero casi no lo nota. Desde la ventana del local de siempre la ve venir. Está igual, o casi, a como él la recuerda. Con veinte años más, obviamente, pero aún conservando ese garbo al caminar y esa mirada triste. Ella cruza el dintel del café y él hace un gesto para ser reconocido. Ella sonríe y se le acerca. Le saluda con un beso amable en la mejilla y se sienta frente a él. Él pide otro expreso mientras ella se inclina por un jugo natural.
Desde el 2006 que no se ven, hace veinte años, sin embargo el encuentro denota un ambiente sin excesos, mas bien contenido. De apoco comienzan a salir las palabras. Ella le cuenta que vino sólo por unas semanas, a arreglar algunos papeles y tramites que quedaron pendientes con la muerte de su madre. Ella sigue viviendo en París, en un departamento bastante amplio en el centro de la capital de Francia. Departamento que le dejó su ex. Él ya lo sabía, pero pone cara de sorpresa. Ella le comenta que esta vez vino sola, que su hija adolescente se quedó en Francia. Que no le gusta Chile, y la única vez que vino fue para el funeral de la abuela que no conoció, hace unos años. Él recuerda a la señora. Él si la conoció. Recuerda que él nunca le cayó en gracia. Ella nunca aprobó su relación con su hija, decía que él era un don nadie, y al parecer, tenía razón.
La conversación se hace larga. Salen del café, a media cuadra del remozado y ahora respetado y valorado Museo de Bellas Artes, y se dirigen hacia el Parque forestal, o lo que queda de él, como hace 20 años cuando se juraban amor eterno. Cuando creían ser eternos e invencibles. De acero y miel. Caminan por los que alguna vez fueron "sus" barrios. Él le habla sobre algunas cosas que han pasado en este país en eternas vías de desarrollo. Él vive a pocas cuadras de ahí, pero no se lo comenta. Tampoco le dice que vive solo en un departamento que acaba de terminar de pagar. No le comenta que ese departamento nunca tuvo dueña de casa. Que ella nunca estuvo allí para serlo. Ella prefirió escapar. Irse, dejarlo, viajar, casarse, tener una hija francesa, separarse. Olvidar lo que alguna vez fue, lo que alguna vez hubo entre ellos para irse y "ser feliz". Me pregunto si es feliz ahora, piensa él mientras la escucha. No, no lo es. Por el tono de su voz, por esa resignación con la que habla sobre su vida en Francia, los problemas con su ex marido (que ahora anda con una rubia parisina de tiernos 20 años, según me comenta), por la vida con su hija de 15 años que ya se ha ido de casa 3 veces. ‘De tal palo...’ piensa él, pero no se atreve a decirlo. Ya no se atreve a nada. Después de ella, nunca más se atrevió a nada. Nunca nada más valió la pena. Ni siquiera quitarse la vida valía la pena, sin ella, no. Caminan por el Barrio Lastarria, otrora bohemio barrio del centro de Santiago, cuando ella lo dice: ‘Te extrañé. Te echaba de menos, ¿Qué ha sido de tu vida?
Él le cuenta cosas generales. No le cuenta las noches que lloró. No piensa decirle que siempre esperó su vuelta. No le menciona todas las canciones que por ella escribió, y que en secreto le dedicó. Si le cuenta que tuvo un grupo musical, de nulo éxito comercial. Que ahora hace clases en una universidad privada, que vive solo, que nunca viajó a Europa, que está escribiendo un libro que nadie leerá. Ríen. Como hace 20 años. Como no lo hacían hace 20 largos años. Se miran, se observan, se descubren, se desean. Se besan mientras esperan la luz verde del semáforo y de repente son 20 años más jóvenes. En Lastarria con Alameda, donde tantas veces esperaron la luz verde con cálidos besos. No cruzan. Caminan abrazados hacia el cerro Santa Lucia, inconscientemente él la lleva en dirección a su departamento. Se desean como hace 20 años, o más. Con una pasión contenida por todo ese largo tiempo. Ya en el departamento, y al calor de una copa de vino, se desnudan y hacen el amor como él lo recordaba, como lo había soñado tantas veces. Y por fin y al fin vuelven a ser ellos mismos. Esos dos jóvenes que tras 20 años son nuevamente completos y eternos.
miércoles, 9 de mayo de 2007
viernes, 4 de mayo de 2007
violencia
Subo a la micro que he esperado por casi 30 minutos. El chofer, serio, discute con un tipo que quiere subir sin pagar (o sea, sin pasar su tarjeta Bip! Por el validador, como diría Zamorano). En el bus una señora alega con unos escolares por el asiento que no le quieren ceder. El tráfico es denso por Av. 11 de Septiembre y el olor poco soportable en el bus. Sólo el más apto sobrevive en esta darwiniana ciudad en que me toca vivir.
Violencia todo el día. En la calle, en la pega, con jefes que ordenan qué hacer y qué no hacer sin ningún respeto hacia sus trabajadores. En la tele, donde sólo tienen cabida los más violentos, los más virulentos personajes que disfrazan su violencia de choreza e irreverencia.
Violencia verbal en la forma de hablar de los locutores radiales que creen que por ser jóvenes tienen que ser seres no pensantes que hablan y utilizan el vocabulario de un púber de 15 años.
Violencia en el ambiente. En el ruido, en el smog que no nos permite respirar hondo y tomarnos un tiempo para reflexionar y dejar la vida volar.
Violencia visual en el Metro repleto de propaganda por todos lados. Las calles y carreteras plagadas de gigantografías pidiéndole a la gente que se endeude cada vez más. Las veredas llenas de volantes botados. Basura, mucha basura de colores con los rostros de los actores y animadores de moda.
Violencia en nuestra clase política, donde no importa otra cosa que desprestigiar a los que son del otro bando. La Concertación contra la Alianza. La Alianza contra el Gobierno. No importa, nada les importa más que el poder, y la violencia es el medio para conseguirlo. Violencia en las respuestas del Gobierno hacia los periodistas. Violencia en las politicas de Gobierno hacia la clase obrera, la mentada e inventada "clase media". Violencia en las casas chubi, en el Transantiago, en las pensiones de hambre, en la mala calidad de la educación, en el lucro de ésta. Violencia en el Parlamento, en el discurso de los honorables, en sus ridículas ideas, en como son elegidos, en como son remunerados.
Violencia económica al echar un vistazo a los barrios opulentos de la elite más acomodada del país, donde probablemente sólo el jardín de una casa cueste lo mismo que varias casas y departamentos de mi barrio popular. Violencia cuando lees que lo que recibe el pequeño segmento más acaudalado de la sociedad es diez veces o más de los que recibimos todo el resto de los chilenos, que somos lo que hacemos de éste, un país. Violencia cuando te dicen : "La vida es triste, Venancio. Pero ¿que se le va a hacer?" (Tito Fernández).
Violencia sexual al ver la prostitución del cuerpo humano en los quioscos. Cuando el cuerpo femenino pasa a ser un objeto comercial más, para vender cualquier porquería innecesaria.
Violencia académica cuando ves que salen miles y miles de profesionales mal preparados de universidades e institutos chantas que no serán ningún aporte real para nuestra sociedad. Violencia, al ver como se malgasta, como se desaprovecha toda esa gente, todo ese talento.
Entonces yo me pregunto: ¿Por qué la gente está tan violenta en esta tranquila, apacible y relajada copia feliz del edén en la que vivimos? ¿Por qué los jovenes van y hacen destrozos cada vez que hay una manifestación? ¿Por qué un tipo puede llegar a matar a otro por $100?
¿Por qué, ah?
Díganme ustedes...
Violencia todo el día. En la calle, en la pega, con jefes que ordenan qué hacer y qué no hacer sin ningún respeto hacia sus trabajadores. En la tele, donde sólo tienen cabida los más violentos, los más virulentos personajes que disfrazan su violencia de choreza e irreverencia.
Violencia verbal en la forma de hablar de los locutores radiales que creen que por ser jóvenes tienen que ser seres no pensantes que hablan y utilizan el vocabulario de un púber de 15 años.
Violencia en el ambiente. En el ruido, en el smog que no nos permite respirar hondo y tomarnos un tiempo para reflexionar y dejar la vida volar.
Violencia visual en el Metro repleto de propaganda por todos lados. Las calles y carreteras plagadas de gigantografías pidiéndole a la gente que se endeude cada vez más. Las veredas llenas de volantes botados. Basura, mucha basura de colores con los rostros de los actores y animadores de moda.
Violencia en nuestra clase política, donde no importa otra cosa que desprestigiar a los que son del otro bando. La Concertación contra la Alianza. La Alianza contra el Gobierno. No importa, nada les importa más que el poder, y la violencia es el medio para conseguirlo. Violencia en las respuestas del Gobierno hacia los periodistas. Violencia en las politicas de Gobierno hacia la clase obrera, la mentada e inventada "clase media". Violencia en las casas chubi, en el Transantiago, en las pensiones de hambre, en la mala calidad de la educación, en el lucro de ésta. Violencia en el Parlamento, en el discurso de los honorables, en sus ridículas ideas, en como son elegidos, en como son remunerados.
Violencia económica al echar un vistazo a los barrios opulentos de la elite más acomodada del país, donde probablemente sólo el jardín de una casa cueste lo mismo que varias casas y departamentos de mi barrio popular. Violencia cuando lees que lo que recibe el pequeño segmento más acaudalado de la sociedad es diez veces o más de los que recibimos todo el resto de los chilenos, que somos lo que hacemos de éste, un país. Violencia cuando te dicen : "La vida es triste, Venancio. Pero ¿que se le va a hacer?" (Tito Fernández).
Violencia sexual al ver la prostitución del cuerpo humano en los quioscos. Cuando el cuerpo femenino pasa a ser un objeto comercial más, para vender cualquier porquería innecesaria.
Violencia académica cuando ves que salen miles y miles de profesionales mal preparados de universidades e institutos chantas que no serán ningún aporte real para nuestra sociedad. Violencia, al ver como se malgasta, como se desaprovecha toda esa gente, todo ese talento.
Entonces yo me pregunto: ¿Por qué la gente está tan violenta en esta tranquila, apacible y relajada copia feliz del edén en la que vivimos? ¿Por qué los jovenes van y hacen destrozos cada vez que hay una manifestación? ¿Por qué un tipo puede llegar a matar a otro por $100?
¿Por qué, ah?
Díganme ustedes...
miércoles, 2 de mayo de 2007
1 de Mayo
"El pueblo unido jamás será vencido"
1 de Mayo. Millares de personas conmemoran una vez más el día del Trabajador (no del trabajo, como algunos se esmeran en decir) por todo el mundo. Típicas son las imágenes desde la Plaza de la Revolución en Cuba, con miles de cubanos agitando sus banderitas. O los rusos en la Plaza Roja. Y así. Recordamos las manifestaciones en la Alameda de Santiago de Chile. Destrozos, pedradas, guanacos, zorrillos, pacos pegando palos, cabros chicos tirando piedras, etc. Incluso, el año pasado una vieja se robó una mesa en medio de los saqueos. Es vecina mía, de la Villa Portales.
Prefiero recordar los 1 de Mayo cuando era chico. Recuerdo despertar en la mañana con los primeros acordes de la "Cantata Santa María de Iquique", por Quilapayún, a todo chancho desde el vinilo. Eso ya me decía que este día era especial. Mi padre cantando cada tema con el alma mientras preparaba huevos a la ostra y me decía que me apurara para ir al acto preparado por la CUT. Y así, feliz, me iba con él al acto, masivo por aquellos días, que se hacía en Av. Gral. Velásquez, entre Portales y Ecuador. Mientras escuchábamos a los dirigentes en sus arengas por un Chile más justo, libre y democrático, recorríamos los puestos improvisados en la calle llenos de banderas rojas, con la hoz y el martillo de la utopía castrada, posters y afiches del Che Guevara, de Salvador Allende y Luis Emilio Recabarren, cancioneros de Víctor Jara, Violeta Parra y Silvio Rodríguez. Cosas que ahora son tan comunes y fáciles de encontrar a las afueras de cualquier concierto o show. Recuerdo haberme comprado (o "agenciado") una chapita del NO para el plebiscito (con arco iris y todo). Mi madre no me dejó ponerla en mi mochila de alumno regular del San Ignacio. Podía ser peligroso, dijo.
En los noventa siempre fui al acto. Los políticos y la prensa lograron desprestigiar a la CUT lo suficiente como para que la gente se desencantara y dejara de asistir a los actos. Los revoltosos y vándalos de siempre también hicieron su parte. El acto cambió de escenario. Por un par de años fue en plena Estación Central, aquí en Alameda con Matucana, frente a la USACH. Luego, en Los Héroes. El año pasado fue en Alameda con Portugal, este año, quien sabe. Pero ahí estoy, siempre. No sólo para escuchar buena música (no podría recordar todos los grupos y artistas que he visto desfilar por ese escenario, desde Illapu hasta Tommy Rey, pasando por Sol y Lluvia, Congreso, Inti-Illimani, Schwenke y Nilo, y un largo etc.) sino para demostrar(me) que estoy ahí. Que realmente me importa lo que nos pasa, lo que le pasa a la gente. Que creo que este sistema de mierda en el que nos hacen vivir puede cambiar y que creo en el pueblo y sus trabajadores.
Desde que empecé a trabajar me siento aun más identificado con este día y con este acto, y espero con ansias esta efeméride que pasa tan desapercibida para alguna gente y para los medios. A si que hoy, 1 de Mayo de 2007 me preparo, escucho a Quilapayún y su Cantata, me visto de rojo y parto al acto. Siempre con la esperanza de que alguna vez sabré que valió la pena, que se ganaron cosas, que se respeta al trabajador, al obrero, al chileno común y corriente, como mis padres, como mis amigos, como yo.
"No hay que ser pobre amigo
Es peligroso ser pobre amigo
No ni que hablar amigo,
Es peligroso hablar amigo
Unámonos como hermanos
que nadie nos vencerá.
Si quieren esclavizarnos,
jamás lo podrán lograr.
La tierra será de todos
también será nuestro el mar.
Justicia habrá para todos
y habrá también libertad.
Luchemos por los derechos
que todos deben tener.
Luchemos por lo que es nuestro,
de nadie más ha de ser"
(Canción final Cantata Santa María de Iquique, Luis Advis-Quilapayún)
1 de Mayo. Millares de personas conmemoran una vez más el día del Trabajador (no del trabajo, como algunos se esmeran en decir) por todo el mundo. Típicas son las imágenes desde la Plaza de la Revolución en Cuba, con miles de cubanos agitando sus banderitas. O los rusos en la Plaza Roja. Y así. Recordamos las manifestaciones en la Alameda de Santiago de Chile. Destrozos, pedradas, guanacos, zorrillos, pacos pegando palos, cabros chicos tirando piedras, etc. Incluso, el año pasado una vieja se robó una mesa en medio de los saqueos. Es vecina mía, de la Villa Portales.
Prefiero recordar los 1 de Mayo cuando era chico. Recuerdo despertar en la mañana con los primeros acordes de la "Cantata Santa María de Iquique", por Quilapayún, a todo chancho desde el vinilo. Eso ya me decía que este día era especial. Mi padre cantando cada tema con el alma mientras preparaba huevos a la ostra y me decía que me apurara para ir al acto preparado por la CUT. Y así, feliz, me iba con él al acto, masivo por aquellos días, que se hacía en Av. Gral. Velásquez, entre Portales y Ecuador. Mientras escuchábamos a los dirigentes en sus arengas por un Chile más justo, libre y democrático, recorríamos los puestos improvisados en la calle llenos de banderas rojas, con la hoz y el martillo de la utopía castrada, posters y afiches del Che Guevara, de Salvador Allende y Luis Emilio Recabarren, cancioneros de Víctor Jara, Violeta Parra y Silvio Rodríguez. Cosas que ahora son tan comunes y fáciles de encontrar a las afueras de cualquier concierto o show. Recuerdo haberme comprado (o "agenciado") una chapita del NO para el plebiscito (con arco iris y todo). Mi madre no me dejó ponerla en mi mochila de alumno regular del San Ignacio. Podía ser peligroso, dijo.
En los noventa siempre fui al acto. Los políticos y la prensa lograron desprestigiar a la CUT lo suficiente como para que la gente se desencantara y dejara de asistir a los actos. Los revoltosos y vándalos de siempre también hicieron su parte. El acto cambió de escenario. Por un par de años fue en plena Estación Central, aquí en Alameda con Matucana, frente a la USACH. Luego, en Los Héroes. El año pasado fue en Alameda con Portugal, este año, quien sabe. Pero ahí estoy, siempre. No sólo para escuchar buena música (no podría recordar todos los grupos y artistas que he visto desfilar por ese escenario, desde Illapu hasta Tommy Rey, pasando por Sol y Lluvia, Congreso, Inti-Illimani, Schwenke y Nilo, y un largo etc.) sino para demostrar(me) que estoy ahí. Que realmente me importa lo que nos pasa, lo que le pasa a la gente. Que creo que este sistema de mierda en el que nos hacen vivir puede cambiar y que creo en el pueblo y sus trabajadores.
Desde que empecé a trabajar me siento aun más identificado con este día y con este acto, y espero con ansias esta efeméride que pasa tan desapercibida para alguna gente y para los medios. A si que hoy, 1 de Mayo de 2007 me preparo, escucho a Quilapayún y su Cantata, me visto de rojo y parto al acto. Siempre con la esperanza de que alguna vez sabré que valió la pena, que se ganaron cosas, que se respeta al trabajador, al obrero, al chileno común y corriente, como mis padres, como mis amigos, como yo.
"No hay que ser pobre amigo
Es peligroso ser pobre amigo
No ni que hablar amigo,
Es peligroso hablar amigo
Unámonos como hermanos
que nadie nos vencerá.
Si quieren esclavizarnos,
jamás lo podrán lograr.
La tierra será de todos
también será nuestro el mar.
Justicia habrá para todos
y habrá también libertad.
Luchemos por los derechos
que todos deben tener.
Luchemos por lo que es nuestro,
de nadie más ha de ser"
(Canción final Cantata Santa María de Iquique, Luis Advis-Quilapayún)
viernes, 27 de abril de 2007
Lluvia de Febrero
Lluvia de Febrero
Que traes miles de recuerdos
Cada gota en mi rostro
Es el reflejo de un momento
El cielo llora tu partida
Como yo en tu despedida
Y mi cuerpo se estremece
Cuando tu figura se divisa
Estas gotas que revelan
La ansiedad de esta espera
Con un nudo en la garganta
Con mil noches en vela
Lluvia de Febrero
Que traes a mi amada
Dile que aún la espero
No dejes que se vaya
(Febrero 16, 2007. La casa en el aire)
Que traes miles de recuerdos
Cada gota en mi rostro
Es el reflejo de un momento
El cielo llora tu partida
Como yo en tu despedida
Y mi cuerpo se estremece
Cuando tu figura se divisa
Estas gotas que revelan
La ansiedad de esta espera
Con un nudo en la garganta
Con mil noches en vela
Lluvia de Febrero
Que traes a mi amada
Dile que aún la espero
No dejes que se vaya
(Febrero 16, 2007. La casa en el aire)
lunes, 23 de abril de 2007
A tu vuelta
Hasta la fecha siempre hubo un mañana
y que es lo que hicimos de lo que serían
nuestros dolientes caminos
que esa tarde se dividían.
Hacia donde anduvimos sin buscarnos
que limpios fueron quedando los días
y el cielo inquieto y nocturno
los sueños que sorprendería.
Tu y yo tan lejos de aquellos amantes
que a su pesar van borrando los días
que alguna vez se alejaron distantes
para olvidar lo que ya no serían.
Y hoy, que me ha dado la suerte un camino
te vuelvo a encontrar...
Te miento si digo no haber pensado
que era posible y que sucedería,
y algo se mueve, recrea esta inminente escena y nos la envía.
Y me recuerda el verte tantas cosas
que en algún sitio he dejado en suspenso
que solamente han estado esperando
por este momento.
Que si un día fueron, tuvieron sentido
para volver a enfrentarnos delante
dejando atrás al tiempo y sus abismos
con sus llamadas y sus visitantes.
Para el reencuentro que tengo hoy contigo,
y en este lugar.
Yo sé que siempre se sigue delante
y que nos llenamos de otros nuevos días
y al eventual transcurrir de las tardes
un día vi el batir de las alas de ayer.
Mas no partió tu recuerdo incesante
y aún me despierta el eco de tu risa
de vuelta atrás, donde a veces estás,
pero que hago con tanto que nunca se fue.
Si cada quien va jugando hoy su vida
con lo que cree de lo que le enseñaron
y andamos siempre tan definitivos
tan decididos a purificarnos.
Lo cierto es que hace unos meses
me da por ponerme a esperar...
Si te lo cuento es porque estás volviendo
amaneciendo vendrás con los días.
El tiempo pasa y porque no te tengo es
que solo me ha quedado tu partida.
Ayer deje de guardarte canciones
hoy te propongo esta y me voy dejando
la puerta abierta para que a tu vuelta no dejes de entrar,
no dejes de entrar.
(Fernando Delgadillo, 1997)
y que es lo que hicimos de lo que serían
nuestros dolientes caminos
que esa tarde se dividían.
Hacia donde anduvimos sin buscarnos
que limpios fueron quedando los días
y el cielo inquieto y nocturno
los sueños que sorprendería.
Tu y yo tan lejos de aquellos amantes
que a su pesar van borrando los días
que alguna vez se alejaron distantes
para olvidar lo que ya no serían.
Y hoy, que me ha dado la suerte un camino
te vuelvo a encontrar...
Te miento si digo no haber pensado
que era posible y que sucedería,
y algo se mueve, recrea esta inminente escena y nos la envía.
Y me recuerda el verte tantas cosas
que en algún sitio he dejado en suspenso
que solamente han estado esperando
por este momento.
Que si un día fueron, tuvieron sentido
para volver a enfrentarnos delante
dejando atrás al tiempo y sus abismos
con sus llamadas y sus visitantes.
Para el reencuentro que tengo hoy contigo,
y en este lugar.
Yo sé que siempre se sigue delante
y que nos llenamos de otros nuevos días
y al eventual transcurrir de las tardes
un día vi el batir de las alas de ayer.
Mas no partió tu recuerdo incesante
y aún me despierta el eco de tu risa
de vuelta atrás, donde a veces estás,
pero que hago con tanto que nunca se fue.
Si cada quien va jugando hoy su vida
con lo que cree de lo que le enseñaron
y andamos siempre tan definitivos
tan decididos a purificarnos.
Lo cierto es que hace unos meses
me da por ponerme a esperar...
Si te lo cuento es porque estás volviendo
amaneciendo vendrás con los días.
El tiempo pasa y porque no te tengo es
que solo me ha quedado tu partida.
Ayer deje de guardarte canciones
hoy te propongo esta y me voy dejando
la puerta abierta para que a tu vuelta no dejes de entrar,
no dejes de entrar.
(Fernando Delgadillo, 1997)
Tu amistad
Tu amistad es
firme como roble.
Pasan vientos, huracanes
lluvias torrenciales,
mas él permanece igual.
Tu amistad es
como el sol de la mañana
que ilumina mi camino,
que está siempre conmigo
y entibia mi despertar.
Tu amistad es
como un río tormentoso.
Con fuerza en sus aguas
cristalinas y claras
que refrescan mi andar.
Tu amistad es
como una montaña.
Blanca, grandiosa,
imponente, majestuosa
que aunque tiemble no caerá.
Tu amistad es
como la brisa marina
que mi rostro acaricia
y a volar me invita
para dejarme llevar.
para ti esta humilde canción...gracias!
firme como roble.
Pasan vientos, huracanes
lluvias torrenciales,
mas él permanece igual.
Tu amistad es
como el sol de la mañana
que ilumina mi camino,
que está siempre conmigo
y entibia mi despertar.
Tu amistad es
como un río tormentoso.
Con fuerza en sus aguas
cristalinas y claras
que refrescan mi andar.
Tu amistad es
como una montaña.
Blanca, grandiosa,
imponente, majestuosa
que aunque tiemble no caerá.
Tu amistad es
como la brisa marina
que mi rostro acaricia
y a volar me invita
para dejarme llevar.
Para ti, amiga, que estuviste conmigo en esos momentos difíciles tanto para mi como para ti. Por todo lo compartido, lo vivido y lo sufrido. Gracias por ser así, y por ser mi amiga. Gacias por no cambiar ni quierer cambiarme, por aceptarme tal cual soy. Y por ser colocolina, además!
para ti esta humilde canción...gracias!
viernes, 13 de abril de 2007
Sobre mi estado monetario
Siempre se ha dicho que no es correcto o ‘polite’ hablar de dinero, especialmente cuando se trata de las cuentas de los interlocutores. No es mi caso. Realmente no me importa demasiado el dinero, y si bien es necesario para vivir y sobrevivir en este mundo, no es algo que me quite el sueño (si no, no se explicaría el hecho de haber estudiado licenciatura en inglés). El problema es que en un país como Chile (no conozco otros casos) no se puede vivir sin plata. Es más, no se puede vivir con poca plata. Nadie, créanme, nadie puede vivir con 120 o 130 mil pesos mensuales, cuando sólo el pasaje de micro o metro cuesta $380. Cuando un almuerzo barato y malo cuesta alrededor de $1.500. Cuando un arriendo puede ir desde los 100 mil pesos hasta quién sabe cuanto, y los dividendos de la casa propia, idem.
Este no es mi caso. Yo no pago arriendo ni dividendo. Vivo con mi madre. Sin embargo los gastos a los que uno debe incurrir mensualmente superan bastante lo previamente presupuestado. Luego, ahorrar se hace prácticamente imposible. Poder tener un bien raíz es algo bastante preciado y que veo demasiado lejos. Me gustaría tener suficiente dinero para, por ejemplo este año, poder comprar un departamento (por supuesto que a 20 años plazo), y algo en qué desplazarme por la ciudad. O sea, una moto, chica, económica, barata. Pero me da rabia pensar que al no poseer estas cosas, tampoco posea otras que van por añadidura.
De todas formas, tener o no tener dinero significa, en estos días, ser o no exitoso. Bajo este sistema neo liberal en el que vivimos, el único parámetro para medir el progreso de una persona es el ingreso monetario de ella. Sin siquiera pensar en el método que utiliza esa persona para conseguir esa cantidad. O sea, uno puede ser ladrón, traficante, mentiroso, embaucador, etc. pero, si tienes plata, todo lo demás no importa. Yo me revelo ante esto. Probablemente soy el único, pero no acepto la idea de tranzar sin parar. No puede ser que vivamos y seamos cómplices de una sociedad en donde sólo el dios verde sirve. Me revienta pensar que soy un don nadie, porque no gano lo suficiente para tener un auto o una casa. Me empelota escuchar que tengo que ganar más plata para ser alguien, no importando cuantas horas pueda uno llegar a trabajar. Realmente me saca de mis casillas oír a la gente decir que hay que trabajar más para tener más. No lo acepto. Y probablemente me quedaré sin polola, nunca tendré una esposa, ni hijos, ni casa, ni auto. Pero no voy a tranzar mi tiempo ni mis hobbies por un par de lucas más. Mas bien la pelea está en cómo hacer para que la gente gane un salario más justo trabajando lo mismo, o menos. Debemos valorizar el tiempo libre. El tiempo para los amigos, la familia, la mascota. Para salir a pasear, para recrearse. Eso es necesario, sumamente necesario. Yo invito a quien quiera a que valore su tiempo libre cada vez más. Tratemos de cambiar, bajemos el stress, el nerviosismo, el trajín de esta ciudad tan querida pero tan estresante. Luchemos por salarios más justos, por más y mejores beneficios para los trabajadores, por una mejor calidad de vida. Por mientras, seguiré ganando lo mismo y viviendo donde mismo.
Este no es mi caso. Yo no pago arriendo ni dividendo. Vivo con mi madre. Sin embargo los gastos a los que uno debe incurrir mensualmente superan bastante lo previamente presupuestado. Luego, ahorrar se hace prácticamente imposible. Poder tener un bien raíz es algo bastante preciado y que veo demasiado lejos. Me gustaría tener suficiente dinero para, por ejemplo este año, poder comprar un departamento (por supuesto que a 20 años plazo), y algo en qué desplazarme por la ciudad. O sea, una moto, chica, económica, barata. Pero me da rabia pensar que al no poseer estas cosas, tampoco posea otras que van por añadidura.
De todas formas, tener o no tener dinero significa, en estos días, ser o no exitoso. Bajo este sistema neo liberal en el que vivimos, el único parámetro para medir el progreso de una persona es el ingreso monetario de ella. Sin siquiera pensar en el método que utiliza esa persona para conseguir esa cantidad. O sea, uno puede ser ladrón, traficante, mentiroso, embaucador, etc. pero, si tienes plata, todo lo demás no importa. Yo me revelo ante esto. Probablemente soy el único, pero no acepto la idea de tranzar sin parar. No puede ser que vivamos y seamos cómplices de una sociedad en donde sólo el dios verde sirve. Me revienta pensar que soy un don nadie, porque no gano lo suficiente para tener un auto o una casa. Me empelota escuchar que tengo que ganar más plata para ser alguien, no importando cuantas horas pueda uno llegar a trabajar. Realmente me saca de mis casillas oír a la gente decir que hay que trabajar más para tener más. No lo acepto. Y probablemente me quedaré sin polola, nunca tendré una esposa, ni hijos, ni casa, ni auto. Pero no voy a tranzar mi tiempo ni mis hobbies por un par de lucas más. Mas bien la pelea está en cómo hacer para que la gente gane un salario más justo trabajando lo mismo, o menos. Debemos valorizar el tiempo libre. El tiempo para los amigos, la familia, la mascota. Para salir a pasear, para recrearse. Eso es necesario, sumamente necesario. Yo invito a quien quiera a que valore su tiempo libre cada vez más. Tratemos de cambiar, bajemos el stress, el nerviosismo, el trajín de esta ciudad tan querida pero tan estresante. Luchemos por salarios más justos, por más y mejores beneficios para los trabajadores, por una mejor calidad de vida. Por mientras, seguiré ganando lo mismo y viviendo donde mismo.
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